Relato de una mamá de alta demanda. “La maternidad no era lo que yo esperaba”

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Texto de Ikerne Itoiz

De cuando me di cuenta que la maternidad no era como yo esperaba

Cuando decidí ser madre tenía muy claro qué clase de madre quería ser.

No me gustaban las madres que hacían todo lo que su hijo quería. Me parecía insano dormir con un bebé en la misma cama, “dormirá en su cuna que para eso está, cuanto antes a su habitación”.

Iré a cursos de postparto con mi bebé para ponerme en forma rápido.

La lactancia hasta los 6 meses que dicen es obligatoria y luego lo dejaré, no vaya a ser que mis pechos se caigan.

Me sacaré leche para darle biberón. Le dejaré a mi bebé con sus abuelos y así recuperar tiempo con mi pareja.

Y por supuesto mano firme.

No iba a tener un bebé caprichoso. Eso jamás.

Veía otras mamás y juzgaba como criaban como si yo ya tuviera la fórmula mágica, no podía ser tan difícil.

En la preparación preparto trabajé mucho y tenía muy claro qué clase de parto quería tener. Pasar el máximo en casa con mis ejercicios de yoga, mi música, aromaterapia y mis respiraciones. Luego al hospital y en ese trance para dar a luz al natural. Todo está controlado.

El día que mi hija vino al mundo ya me fue advirtiendo de que este viaje no iba a ser como yo creía. Rompí aguas en casa y tuvimos que ir al hospital. Tuve que pasar la noche en el ala de maternidad, imposible concentrarse.

En la sala de dilatación ni música, ni aromaterapia. Intenté hacer yoga encima de la cama pero no podía. Como tenía todo fuera de control me agobié y acabé pidiendo epidural.

Recuerdo vivirlo como un fracaso. !Qué tontería!

El premio era haber conseguido dar a luz a una bebé sana.

La primera noche la puse en su cuna, para que se fuera acostumbrando. Recuerdo la aprobación de mi padre en mi decisión de ser firme.

Miraba a mi compañera de habitación, hacía colecho. No entendía muy bien tales moderneces. ¿No es más cómodo ponerlo en la cuna y descansar tranquila?

Esa noche dormimos las dos separadas, ya que después del parto teníamos que descansar. Cuando me desperté mi pequeña estaba en la cuna mirándome con los ojos muy abiertos, sin decir nada, pero tengo la sensación de que me estaba diciendo mucho pero todavía no nos conocíamos.

Ahí algo cambió. La abracé y le di su desayuno.

Al día siguiente mi compañera colechera se fue y vino otra totalmente diferente. Cuando llegaron sus familiares venían con bolsas del Burger King riéndose.

Cuando llegó la madre lo primero que dijo fue quiero un cigarro y con las piernas temblando de la epidural y la bronca de las enfermeras se fue con su amiga a echar un cigarrito.

Dejó al niño en la habitación. Le dijo al padre “si llora le pones el chupete”.

Ese bebé lloraba como un cachorro abandonado buscando a su mamá. ¡Acababa de nacer!

Esa noche cogí a mi hija, la metí en mi cama, la abracé y lloré por el otro bebé. Fue la primera noche del resto que dormiremos juntas.

El desfile de visitas que cogían a mi bebé me agobiaba mucho. No tenía fuerzas para decir que no vinieran.

Por suerte mi pareja dijo “me da igual que me odien o no comprendan pero a casa no viene nadie más a parte de tu madre, si quieren verte en la calle cuando vayamos de paseo.” Le agradeceré siempre que nos protegiera y cuidara.

En nuestro intento de ser unos buenos padres, o lo que creíamos que era, poníamos a la niña en su cuna para dormir y la dejábamos en su habitación para poder cenar.

Tardaba 10 segundos en levantarme de la mesa para atender sus lloros. Ya desde pequeñita le gustaba cenar en familia. Mamá, papá y ella en la teta.

El cojín de lactancia se convirtió en una extensión de mi cuerpo.

Como quería activarme y conocer gente me apunté a clases de yoga postparto. Iba con toda la ilusión. Veía a las otras mamás que dejaban sus bebés en la esterilla de delante, con verlas estaban felices, incluso algunos se echaban sus siestas, los ponían a un lado y luego seguían haciendo ejercicio.

Por supuesto había que parar a dar teta o cambiar cacas bastante a menudo. Luego dábamos masajes a nuestros hijos y les cantábamos un mantra.

Las clases en sí me encantaban pero yo pagaba la clase para dar teta y tener a mi hija llorando mientras los hijos de otros dormían…Me dijeron que era cuestión de que se acostumbrara.

Yo soy bastante cabezota y lo intenté e intenté hasta que vi que la demanda de mi hija era más intensa que el resto y yo podía aprovechar solo 10 minutos de hora y media.

También tenía la sensación que las otras sabían ser madres y yo no, no sabía controlar a mi retoño.

Al final, deje de ir.

Fue una de las muchas renuncias que haría para adaptarme al carácter de mi hija.

Como soy una persona activa pensé en aprovechar el tiempo en casa para hacer algo productivo ya que fuera no parecía que le gustará. Me apunté a una formación online. Pensé que entre teta y teta podría estudiar. Mi hija me reclamaba toda la atención para ella así que tampoco pudo ser.

Intentamos buscar un poco de libertad y ver si podríamos viajar. De repente un viaje corto podía convertirse en una pesadilla.

Hemos hecho viajes de una hora en tres. Mis allegados me aconsejaban dejarla llorar y ya se acostumbrara, que lo habían hecho todos. Dejamos de viajar por una buena temporada.

La frustración me corroía por dentro.

¿Por qué otras madres podían hacer lo que yo creía que podría hacer y yo no?

¿Tan mal lo estaba haciendo? ¿Por qué nadie me había explicado que ser madre era olvídate de lo demás?

Entendí a muchas madres que había criticado desde la soberbia de mi desconocimiento. La vida me volvió a dar una gran lección.

Os pido perdón a todas.

Un buen día fui a un centro de belleza. Era la primera vez que desde que había sido madre tenía un momento para mí, porque lo necesitaba.

Necesitaba verme un poquito mejor. La mujer que atendió me entendió y me habló de su experiencia como madre.

Esa fue la primera vez que escuché que había una manera diferente de criar, con apego respetando y con sentido común.

Me recomendó leerme los libros y los videos de Carlos González en Youtube. Cuando mi hija se durmió en mi pecho me puse los cascos y escuché por primera vez una manera de criar que sí tenía que ver con lo que yo estaba viviendo, tenía más lógica y nadie me había explicado que podía hacerse así.

Cuando lo intente implementar seguía escuchando comentarios pero yo ya estaba segura de que era la mejor manera que podía criar a mi hija.

Lo que me hacía falta era una red de apoyo que no podía encontrar.

Mis allegados no entendían por qué mi hija no quería estar con ellos, solo quería estar conmigo. No entendían que al cogerla en brazos ellos llorará y me reclamará desesperada.

Supongo que ellos, como yo, también tenían una visión diferente de lo que implicaba ser  abuelos o tíos.

Escuché muchas palabras como INTENSA, DEMANDANTE y al ponerlo en Google apareció el término Alta Demanda.

Los ratos de teta me los pasaba con el móvil en la mano, leyendo, documentandome, entendiendo y aprendiendo.

Gracias a la fortuna, y a Google, encontré esta Comunidad en la que entré confundida y con muchas dudas.

Me sentí acogida y comprendida.

Por fin entendí MI MATERNIDAD.

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