Un día en la vida de papás de alta demanda

Escrito por Jessica Rubio Reali

¿Cómo es un día en la vida de unos papás con un hijo de Alta Demanda?

Yo te voy a contar

5:00hrs: empieza nuestro día porque el pequeño decidió despertar y levantarse a esa hora, cabe aclarar que la “noche” anterior se durmió a las 2:00 am.

Y ahí estamos en la sala, jugando, medio vivos o medio sonámbulos porque aún tenemos mucho sueño, pero el pequeño con toda la energía habida y por haber en el universo.

Mamá decide tomar un baño para despertar y que los estragos del desvelo disminuyan un poco, papá decide limpiar la casa después de lavar trastes. El pequeño ya desayunado, el papá también, la mamá no porque el desvelo le produce un malestar general y si desayuna se siente peor.

8:00hrs: el pequeño comienza a bostezar, pero sigue jugando así que decidimos iniciar los planes que teníamos para el día, “así terminamos temprano”.

Para estas horas el pequeño ya devoró un trozo de pechuga más un sándwich, lloro y se enojó (sin razón alguna),  nos llenó de besos, pidió aquel juguete que buscaba la otra vez (sin decirnos qué juguete es), lo que desencadenó nuevamente el llanto porque no supimos adivinar qué juguete era; pidió que no se abrieran las cortinas porque la luz le lastimaba, escuchó aquel tráiler que pasó a kilómetros de distancia de la casa, grito (con los decibeles más altos) de felicidad cuando terminó de armar su rompecabezas de dinosaurios, bailó las “locas” y se enojó y gritó con toda su intensidad porque  accidentalmente movimos dos milímetros al tricératops del lugar donde él lo había puesto.

15:00hrs: para este momento ya habíamos terminado nuestras diligencias, seguía comer y preparar todo para el negocio porque en la noche tocaba vender.

16:00hrs: el pequeño pide tetes (leche materna) y cae rendido, decidimos recostarnos un rato, pero el cansancio nos vence y nos despertamos 4 horas después.

“Nos robaron la tarde”, la tarde en la que íbamos a comer, la tarde en la que íbamos a hacer mil cosas incluyendo lo de la venta y salir a jugar.

21:00hrs: papás comiendo, el pequeño aún dormido y de la venta ya ni hablamos.

23:00hrs: El pequeño despierta con toda la pila del mundo y ahí empieza nuevamente nuestro “día “.

Y así son nuestros días o nuestras noches, 90% de nuestro tiempo es para él, perdemos la noción del tiempo y a veces los días se vuelven noches y las noches días.

Para la gente es berrinchudo, malcriado, consentido; somos los peores padres porque no lo sabemos educar, somos flojos porque cómo es posible que no nos de tiempo de hacer nada, porque no lo obligamos a dormir temprano, porque no lo despertamos a las 7 de la mañana aunque tenga una hora de haberse dormido, porque lo dejamos hacer siesta, porque dejamos que coma muy noche, porque dejamos que coma mucho, porque dejamos que coma poco, porque come todo el día, porque no come todo el día, porque no le damos dulces, porque no ve tele, porque solo le gusta el agua natural, porque no lo dejamos llorar, porque no le pegamos, porque no le “buscamos el modo”, porque simplemente no hacemos lo “correcto”.

Intentamos explicar su condición y el porqué debe ser tratado diferente, pero no funciona.

Vivimos en un mundo aparte, un universo paralelo en el que aparentemente solo cabemos los tres. Aprendemos juntos porque somos nuevos en esto, nuevos en un tema del que hay muy poca información y demasiada desinformación y a veces nos frustramos y a veces explotamos porque no sabemos cómo reaccionar. Vamos poco a poco, día a día amando, disfrutando cada instante, disfrutando con la misma intensidad que él todo lo que hacemos juntos, porque tenemos con nosotros una gran misión.

Así es él, el más intenso, el más sensible, el más agotador, el más tragón, el más absorbente, el más desafiante, el más impaciente , el más voluntarioso, el más despierto, el más  cariñoso, el más extremo, el más curioso y apasionado, el más inconforme, el más enojón, el imposible para las rutinas, el más impredecible, el más tierno, el más amoroso y encantador, el más tenaz y perseverante, el más divertido, ocurrente y gracioso. El ser más amado, genial, especial, maravilloso, mágico y extraordinario de todos los planetas.

Ser papás de un niño AD es desgastante, agotador, a veces frustrante, pero te aseguro que es la experiencia más maravillosa, extraordinaria y hermosa que puedes vivir, porque son seres únicos, hermosos y realmente mágicos.

Jessica Rubio Reali

Lic. En Psicología y Mtra. En Educación 

Email: jessrubio.reali@gmail.com

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