Las “malas madres”

Escrito por : Verónica Ortin

Soy mamá y me siento mal…

¡Me siento mal el día que no puedo más, cuando mi cuerpo pide a gritos un sofá, porque mis brazos flaquean de cargar un bebé de 9 kg todo el día, cuando mi cabeza va a estallar por pensar por mí y por todos, y que digo! Por pensar en todos menos en mí.

Me siento mal por estar en el sofá, simulando jugar con mi bebé mientras él me enseña sus juguetes con ilusión.

Me siento mal, al llegar de trabajar y coger a mi hijo en brazos con ganas, pero desear un ratito para mí.

Me siento mal por desear que llegue la hora de dormir, y poder leer ese libro que tanto me gusta.

Me siento culpable.

Me siento culpable por salir a hacer deporte, y vuelvo a casa corriendo, aunque mi hijo esté con su padre.  Porque me siento mal al delegar, como si entonces fuese menos madre. Y me siento mal al no delegar, porque toda la responsabilidad cae sobre mí.

Me siento mal cuando me pongo guapa, salgo con mis amigas, y disfruto de ese ratito de tranquilidad, pero también me siento mal, cuando al quedarme en casa mis amigas van haciendo planes y vida, sin mí.

Me siento mal cuando compro ese vestido, la colonia que tanto me gusta o el pintalabios que llevo buscando meses. Porque ese dinero, pienso, que será mejor invertido en cosas para la familia.

Buscando la perfección.

Sentirse mal por hacer y por dejar de hacer. Por no ser la mujer, amiga, empleada, hija y madre perfecta. Todo en uno a tiempo completo. Buscando la perfección y creándonos una mentalidad de “malas madres”. Siendo las peores críticas para nosotras mismas, esa crítica que nunca tiene un descanso para el almuerzo, porque vive dentro de nosotras mismas. Y es cuando te vas a la cama llorando, o en algunos casos, al baño, donde nadie pueda juzgarte al verte desbordada.

Y así, cada día, nos sentimos mal. Por querer ser mujeres a parte de madres, por querer ser madres entre mujeres independientes, por continuar con nuestra vida laboral mientras lo damos todo en el terreno familiar.

Y entonces, nos vamos abandonando, desatendiéndonos… Dejamos de pensar en nosotras, para priorizar, la vida de los demás, de nuestra familia.

Dejamos de hacer lo que nos gusta, de comprarnos un capricho de vez en cuando, de disfrutar esa comida con amigas, de esa película en pareja, de ese libro en solitario. Y nos olvidamos de cuidar a quien cuida.

¿Y si no te cuidas tú, a quien quieres cuidar bien?

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