Competitividad en niños de Alta Demanda

 

Escrito por Anna Company

Algunas madres de niños AD me han comentado que sus hijos no suelen tener un carácter demasiado conformista sino más bien inconformista y competitivo, que sus hijos siempre están luchando por ganar y que si no ganan cambian las reglas del juego o se las inventan.
Viven como en una constante competición de quién es el mejor, quien llega antes, quien corre más, quien consigue hacer aquello o aquello otro.
Es frustrante para ellos cuando no son los mejores, o no han cumplido sus propias expectativas.

A lo largo del desarrollo del niño se puede ir trabajando este aspecto para convertirlo en un rasgo positivo, porque ser competitivo, si se gestiona correctamente, es una fortaleza de la cual el niño puede obtener beneficios.

Beneficios:

• Le motiva a superarse a sí mismo.
• Le incentiva a conseguir objetivos ambiciosos.
• Le hace trabajarse más a sí mismo.
• Hace que mejore su rendimiento.
• Le capacita y habilita para la vida.

Por otra parte, sino gestionamos correctamente este rasgo puede ser perjudicial.

¿En qué puede perjudicar a tu hijo la competitividad?

• Si el niño centra su esfuerzo exclusivamente en el resultado y no disfruta del proceso
• Si se compara continuamente con los demás y no se valora
• Si se exige demasiado
• Frustrándose si no consigue su objetivo
• La autoestima del niño se verá disminuida

¿Cuál es el problema de que tu hijo base su autoestima o felicidad en la competitividad?

El problema es que si PIERDE se va a sentir frustrado y esto va a desencadenar sentimientos de rabia, ira y demás emociones de enfado o tristeza desarrollando además una baja autoestima e inseguridad que le afectaran en todos los ámbitos de su vida. Y si GANA, el placer va a ser temporal porque en seguida va a aparecer otra situación competitiva donde se de la misma situación en la que pueda volver a ganar o perder, por lo que siempre estará viviendo con la angustia de la posible frustración ante la pérdida o fracaso, con el desgaste de energía que esto supone.

Él va a estar siempre dependiendo de algo externo para sentirse bien o mal, nunca va ser por sí mismo, por algo interno, estará en constante comparación y competición con otras personas. Cuando en realidad él debería sentirse bien consigo mismo, con sus valores y creencias y tener una autoestima forjada sin compararse con nadie, sin necesitar ser mejor que nadie.

Porque cuando necesita continuamente competir o comparase pierde el control de la situación y depende de “aquello externo” que no tienen nada que ver ni con sus habilidades, ni capacidades, ni aptitudes por lo que el niño se está valorando por algo que ni siquiera tiene que ver con él.
A demás, los niños tan competitivos dejan de disfrutar las cosas de la vida, los procesos en sí, los caminos y están solo pendiente de “esperar” los resultados de sus competiciones. Por ejemplo. No jugará un partido de fútbol, solo verá si está marcando goles en el partido. Su objetivo no es divertirse con sus amigos en el juego, su objetivo es simplemente ganar. Ser el mejor. Marcar más goles que nadie. Esta autoexigencia le crea un carácter irritable y obsesivo que no le deja disfrutar del objetivo real del juego en sí que es divertirse.

¿Cómo es un niño demasiado competitivo?

• El niño creé que el mundo es injusto ya que no ha alcanzado su objetivo aun habiéndose esforzado al máximo.
• Miedo al fracaso: La ansiedad influye en el rendimiento del niño por lo que puede hacer que el resultado sea inferior a lo esperado. A demás si el miedo es muy intenso el niño puede llegar a bloquearse o negarse a hacer la acción. Por ejemplo. Si sé que no voy a ganar ya no juego.
• Inestabilidad emocional: el niño está controlado por algo externo a él, por si gana o pierde o por el rendimiento de los demás competidores, si gano soy bueno, si pierdo soy malo (cuando en realidad yo ya soy bueno por mí mismo tanto si gano como si pierdo)
• Malestar, tristeza, frustración: sentimientos que tiene el niño cuando no obtiene los resultados que espera.

Como ayudar a tu hijo a crear una competitividad beneficiosa

• Crear objetivos que dependan solo de él, en los que no se compare con nadie.
• Ajustar las expectativas de los objetivos a sus necesidades.
• Que el niño acepte sus propias limitaciones.
• Ponle a prueba antes de ponerle un límite.
• Déjale aprender de los errores.
• Ayúdale a ser flexible y adaptable con los errores.
• No le compares con los demás, que compita consigo mismo o que trabaje en equipo, en un entorno colaborativo.
• Refuérzale, valora el esfuerzo que está poniendo en lograr sus objetivos.
• Relativiza la importancia de los resultados.
• Recuerda que él no es sus resultados.

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