Karla Chávez

Soy Karla Chávez, asesora de lactancia.

La historia de cómo llegué hasta aquí es bastante curiosa, pues desde muy niña decía que no quería hijos, que nunca tendría hijos…

Nací el 6 de junio de 1999 en la ciudad de México, hija de padres jóvenes, desde niña fui “rara” muy tranquila pero siempre con ganas de saber más, nunca conformandome con los conocimientos adquiridos o las respuestas obtenidas, necesitaba estar aprendiendo y leyendo (aunque de principio fueran cuentos y libros del cuerpo humano). Mi infancia no fue exactamente bonita, existían muchos conflictos en mi núcleo familiar (lo mismo que me llevo a tomar la decisión de no tener hijos) .

Fui una adolescente rebelde, y durante mi adolescencia mi pasión por los libros, sobre todo novelas románticas y juveniles creció.

A los 16 años me embaracé, un embarazo bastante caótico a decir verdad, con 17 años tuve a mi primer hija, Samantha, nació el 10 de enero del 2017 y cuando la vi solo pensé “estás aqui, al fin te conozco, nos conocemos y tú eres la mejor cosa que ha llegado a mi”, se activo un instinto maternal que no conocía, nunca vi a mi mamá amamantar y sin embargo dentro de lo que cabía la acomode como si toda la vida la hubiera tenido en mis brazos y encajaba cómo si hubieran estado hechos para ella.

Me enseñó el gran reto que era la lactancia y la maternidad, aunque es una niña tranquila siempre tuve que lidiar con comentarios sobre mi maternidad , que si era chica que si no sabía lo que hacía, durante el primer año de Samy, trate de siempre ser la “madre perfecta”, note que tenía problemas al relacionarse y sobre todo cierta sensibilidad, tras algunos estudios me dijeron que todo estaba bien y después de los 2 años más o menos dejo de presentar problemas para relacionarse, hubo un cambio enorme, se volvió parlanchina y extrovertida.

Durante todo este proceso fui creciendo con ella y adquiriendo seguridad cómo mamá, aprendí que estaba bien equivocarse, que todas las mamás lo hacemos y lo importante es reconocerlo y trabajar en ello, darles la seguridad de ser ellos mismos y demostrarles siempre nuestro apoyo que mamá siempre será el lugar seguro donde puede volver cada que requiera, decidí reanudar mis estudios.

Un año más tarde vino la pandemia y todos sabemos lo que vino con ella, en mi caso el 21 de septiembre del 2020 me enteré que estaba nuevamente embarazada y el dispositivo había fallado, mi embarazo ya estaba muuuuy avanzando y me vino una tristeza inmensa, no era un bebé planeado en absoluto, sentí que le quitaría a Samy tiempo y calidad de vida; recordé lo mucho que había sufrido al inicio de mi Lactancia, aunque bien fueron 9 meses de lactancia materna exclusiva y 13 de lactancia mixta nunca la disfrute, al contrario cada que llegaba la hora de dar el pecho me ponía de malas, decidí que con el nuevo bebé sería mixta, y que tomaría cursos en lactancia para estar bien preparada (no sabía que habían asesoras de lactancia) tome algunos cursos mientras estudiaba, iba y venía al doctor pues no teníamos una edad gestacional confiable.

El 26 de diciembre nació Sofía, y recuerdo que en cuanto la vi tuve una sensación de tranquilidad enorme porque esa cosita pequeña después de toda la incertidumbre estaba viva y sana, era una cosita pequeña y peluda, en el momento en que la vi sentí como todo se revolvía en mi interior y comprendí que no había quitado, que llegaba para complementarnos. Después de estar en recuperación pude alimentarla y para sorpresa mía no dolió, recordé todo lo que había leído y fue increíble poder descubrir que apesar de los dolores por la cesárea está disfrutando tenerla en mi pecho pegada a mi.

Las primeras 3 semanas fueron muy tranquilas dormía demasiado (efecto de 3 dosis de anestesia durante la cesárea) tenía de despertarla para comer y aún así apenas despertaba y comía dormida, después de estás semanas lloraba y lloraba sin que hubiera nada que la consolara, hacía siestas pequeñas, de no más de 20 minutos y apenas la dejaba volvía a llorar, corrimos con la pediatra que nos aseguraba que sólo eran cólicos, le mando tratamiento pero esto no ayudaba, no había cambio alguno, sus tomas eran larguísimas, de una hora u hora y media con descansos de no más de 30 minutos. Después de 2 meses de no ver mejorías, y le mandaron muchos estudios pensado que podría ser algún problema gastrointestinal, pero no todo salió bien, no sabíamos ya que hacer, los doctores nos decían que estaba sana y que sólo era “chillona” o “mañosa”.

Conforme fue creciendo lloraba más, solo estaba bien cuando la porteaba, pero para mí era cansado correr tras mi hija de 4 años y cargarla, no dormíamos y esto también me estaba afectando, tenía depresión post-parto y no me había dado cuenta, entre el encierro por la pandemia, el post-parto, la falta de tiempo por lo que deje la escuela, me fui sintiendo peor, hasta que un día llegué a urgencias por una crisis de ansiedad y depresión, después de esto decidí que debía ocuparme, entonces supe que podría dar mis servicios cómo asesora de lactancia materna, mi tío me apoyo pagandome un curso en edulacta y a su vez fui buscando otros para complementar cómo cuidados prenatales por el instituto nacional de perinatologia.

De esta forma arme mis páginas y busque grupos, encontrando uno de niños de alta demanda, en el que leí, e investigue puesto que todo concordaba con mi hija y eso me dio cierta tranquilidad porque por fin encontraba respuestas y no había nada mal en mi hija.

Seguí estudiando y arme grupos de apoyo en WhatsApp y entonces descubrí que me gustaba mi trabajo, gracias a estás mamás pude valorar mi lactancia, también que no hay mamás perfectas que todas pasamos por colapsos y lo importante que es acompañar la maternidad, cuidarla y no juzgarla.

Hoy un año después puedo decir que soy feliz con dos niñas que día a día me enseñan algo nuevo, que Sofi ha sido un desafío y sigo conociéndola y que aún con todas las dificultades gracias a ellas dos estoy aquí, encontré un trabajo que me encanta, que me obligan a cuestionarme y mejorar en todos los ámbitos. Después de decir no quiero hijos y odio la lactancia, hoy digo “amo a mis hijas y agradezco inmensamente a mi cuerpo por cubrirlas y crear cada órgano, por permitirme alimentarlas”

 

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