Mis 6 primeros años de alta demanda

Escrito por Anna Company

Esteban tiene 6 años y es un niño que nació con un temperamento muy fuerte e intenso.

Desde bebé su padre y yo notamos que era diferente a su hermano mayor, por su hiperactividad y potencia en todo lo que hacía y por su demanda de atención constante. 

Además era un niño muy brusco, muy testarudo y totalmente desafiante.

Cuando Esteban tenía 2 años entró en la etapa de los berrinches y recuerdo que fueron unos años de inacabables luchas por todo. Su palabra preferida era el  “NO” y se enfadaba y discutía casi por cualquier cosa, llegábamos al punto que tiraba las cosas por los aires y nos pegaba cuando estallaba en sus arrebatos de ira y agresividad.

Yo estaba muy preocupada y empecé a pensar que quizás tenía el llamado “trastorno negativista desafiante” que pudiera estar relacionado con un posible TDAH. Así que lo llevé al médico para que lo observara.

Esteban es muy listo y sabe comportarse correctamente cuando le interesa, por lo que fuera de casa se comportaba de forma aceptable, y el médico me dijo que mi hijo no tenía ningún tipo de desorden, ya que si realmente tuviera un TDAH o algún tipo de trastorno no podría contenerse en ningún lugar.

De alguna forma me di cuenta que mi hijo “jugaba” con nosotros, nos manejaba como se le antojaba, me percaté de que no nos entendíamos, que la comunicación que teníamos con él no era la correcta. Nos estaba demandando una atención, con su comportamiento en casa, que no le estábamos sabiendo dar.

Así que decidí empezar a escucharle más, a ponerme a su nivel y a empatizar con él, a utilizar el juego para cumplir las normas básicas del día a día y a involucrarme más en entenderlo y atenderlo como él necesitaba, porque Esteban no era como mi otro hijo que jugaba solo, que dormía solo, que comía solo, que iba al baño solo, Esteban me necesitaba al lado constantemente, no porque no supiera hacer las cosas de forma autónoma, sino simplemente, para tenerme presente.

Cuando entendí ese hecho, noté un cambio en él, no sé realmente si coincidió con la edad o con el hecho que me acostumbré a sus demandas e intensidades.

A los 3 años, empezó a dormir solo  en su cama y aunque se despertaba y me reclamaba a media noche, se volvía a dormir en seguida hasta la mañana siguiente. 

Con el tiempo la comunicación entre nosotros mejoró y los berrinches fueron disminuyendo lentamente, las luchas de poder se convirtieron en largas charlas y negociaciones pero dejó de desafiarnos y pegarnos cada dos por tres. Su agresividad desapareció, Esteban razonaba con nosotros y se comunicaba, expresaba y defendía con pasión aquello que quería pero la rabia y la ira habían desaparecido.

Con 4 años y medio ya no tenía aquellos continuos berrinches diarios y aunque seguía siendo un niño muy testarudo e intenso, se mostraba cooperativo en los razonamientos que le dábamos ante las rutinas y normas  del día a día.

Esteban, hoy en día con 6 años, duerme toda la noche en su cama, es un niño muy alegre y cariñoso, extrovertido, sociable y amigable. Continúa siendo un niño muy activo y terco, pero cumple con sus obligaciones, siempre y cuando las entienda y se las razones.

Es un niño perseverante, concentrado, motivado y luchador y aunque sigue siendo agotador y completamente insaciable, sus fortalezas me lo compensan todo.

Para mi la etapa más difícil fue la de los 2 y 3 años, pero ahora siento que muchos de sus rasgos se han suavizado y ha sido gracias a la disciplina positiva, que es el modelo de crianza que hemos utilizado desde que detectamos que Esteban era un niño de alta demanda.

Estaban no responde ante un modelo de crianza autoritario porque se rebela y desafía, así que aconsejo a todas las mamás de bebés de alta demanda a que utilicen la disciplina positiva como modelo de crianza con sus hijos y sobre todo que tengan paciencia porque los resultados no se ven a corto plazo.

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¿Cómo descubriste que tu hijo/a es de Alta Demanda?

Escrito por Anna Company

Tuve a mi hijo por cesárea ya que hubo una complicación en el parto y no pude acabar un parto natural, después de pasarme 18 horas en las sala de partos, con contracciones muy dolorosas y las terribles y debidas dilataciones.

Recuerdo que los primeros días de recuperación que pasé en el hospital, después de la cesárea, yo estaba fuera de mí, distorsionada, adolorida,  como ida, contenida de emociones y sin poder casi ni moverme de la cama…

Había nacido mi pequeño bebé maravilloso, mi tesoro. Y yo sentía las cosas como muy difuminadas, borrosas, como sin sentido.

Aquella sensación de despersonalización no me dejaba disfrutarlo del todo…

Sentía una mezcla de sensaciones: entre alegría absoluta y angustia, entre dolor y felicidad, entre ansiedad y paz. Me sentía emocionalmente desfigurada, totalmente torcida.

Recuerdo que tenía a mi  bebé de 3,5 kg siempre pegado a mi pecho, tumbado encima de mi, era la única manera en que se quedaba tranquilo y en calma. Me encantaba olerlo, sentirlo…

Así pasaban las horas de aquellos días, que recuerdo de forma nebulosa y turbia, colapsada de tanta medicación y extasiada por las visitas de los familiares y amigos que únicamente hacían ruido y provocaban mas desconcierto a la situación.

Mi hijo lloraba de hambre porque la leche que nos daban en el hospital, no le saciaba lo suficiente y siempre quería más, se sentía insatisfecho,  él necesitaba succionar mucho más de la ración que le tocaba. Yo no podía darle el pecho por la medicación que tomaba y los biberones del hospital se le quedaban especialmente cortos y él lloró y lloró sin parar desde el primer día, demandaba con insistencia y terquedad cada una de sus necesidades desde el principio.

Se apaciguaba apegado a mi pecho, tumbado respirando junto a mi corazón, así, las pocas veces que había silencio en la habitación…

Durmiendo poco, a veces de día, a veces de noche, cortos ratos, respirando junto a mí. Pero el mínimo ruido lo despertaba, el mínimo movimiento, el mínimo soplido, el mínimo roce…. Y estallaba de pronto en gritos y lloros intentando saciar su nueva necesidad de “algo” que nunca descubrí qué era.. Insaciable, insatisfecho… 

Gritaba más que ninguno otro bebé y abría sus enormes ojos expresivos, se erguía y levantaba su cabeza como si fuera a ponerse de pie…

Pasamos una semana en el hospital y cuando llegamos a casa me di cuenta de que me convertí en madre. En aquellos primeros días de mi maternidad, en casa, me hice consciente de lo que significa ser madre, de lo que significa tener un hijo. De la responsabilidad que conlleva.

Porque aunque te prepares para ello durante la vida, aunque te informes, leas, estudies y dediques parte de tu tiempo a asimilar el hecho de que vas a ser madre, hasta que no tienes a tu hijo en brazos dependiendo de ti, no lo vives realmente, no te haces del todo consciente.

Cuando empecé a conocer a mi hijo, me di cuenta que todo aquello que yo creía saber sobre el desarrollo de los bebés y niños, sobre la educación, sobre la evolución, las emociones y su crecimiento no iba a servirme absolutamente de nada, porque mi hijo, mi hermoso bebe intenso, amoroso… Mi tesoro, era especial, era distinto a los bebés de libro

Y entonces me entró una especie de pánico terrible y empecé a darme cuenta de que de alguna forma nadie me había enseñado a ser madre de aquel bebé que tenía entre mis brazos, nadie me había explicado cómo debía hacerlo para ser madre de un bebé tan especial, tan sensible, tan exigente.

Porque yo tenía un niño de alta demanda entre mis brazos y nadie te capacita para criar a un niño con este tipo de temperamento.  Fue entonces cuando empecé a descubrir, a informarme…

Fue entonces cuando escuché a mi bebé, cuando le observé y me fijé en sus necesidades y quise empatizar con él…

Reconocí a mi bebé con su temperamento intenso, con sus fortalezas y debilidades y me di cuenta de que como madre debía prepararme porque no podía educarlo del mismo modo que cualquier otra madre,  ya que mi hijo no era un  niño como los demás. Mi hijo era mas intenso, mas ruidoso, mas sensible, mas activo, mas afectuoso, mas exaltado, mas testarudo, mas caprichoso, mas desafiante, mas de todo… siempre más de todo que el resto de niños y por eso  tenía otras necesidades que no estaban en los libros. Otras necesidades que ni las vecinas, ni los abuelos, ni las amigas ni nadie que no tuviera un niño/a AD podía comprender.

Entonces dejé de escuchar a medio mundo,  y empecé a escucharlo a él y a mis instintos de madre. Y así es como funcionamos nosotros, con nuestras reglas. 

¿Y tú cómo descubriste  que tu hijo/a es un/a niño/a de alta demanda? ¿Quieres escribir tu relato y publicarlo en la web para compartir tu experiencia con otras madres y padres? Escribe tu historia aquí.

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En un restaurante con mi hijo de alta demanda

Escrito por Anna Company

El otro día fuimos a un restaurante con unos amigos y nuestros hijos.

Yo ya sabia que iba a ser un momento complicado con Diego, porque Diego es un niño que se acelera y sobreestimula en los lugares ruidosos y se sobreesxcita cuando esta rodeado de gente que es de su agrado. Diego tiene 4 años y considero que tiene un temperamento de alta demanda desde que nació.

Cuando entramos en el restaurante y nos colocamos en la mesa, Diego no podía quedarse quieto, no dejaba de correr de un lugar a otro y de juguetear con los cubiertos, servilletas, platos y demás utensilios. Hacía música con el cuchillo y la copa, dando golpecitos al cristal. Le dije que parara unas cuantas veces, hasta que finalmente tuve que coger el cubierto y retirárselo de sus manos y sentarlo en la silla y decirle que por favor se mantuviera quieto y mirara el resto de niños que estaban en su sitio sentaditos y tranquilos hablando unos con otros.

Diego tiene un tono de voz alto y cuando habla quiere ser escuchado por todo el mundo, así que hubo un momento en que se dispuso a llamar la atención de los demás, tanto de los niños como de los adultos, por ese motivo se subió a la silla, de pie y dio palmas de manos y empezó a decir: ¡por favor silencio! Como si fuera a dar un discurso.

Voy hacia él y le digo que no puede ponerse de pie en esa silla del restaurante y chillar, que debe sentarse de nuevo en su sitio y hablar con sus amiguitos en voz baja, como los demás. Que los adultos están hablando de sus cosas y no quieren ser interrumpidos ahora. Le pregunto ¿Qué es lo que quiere decir y si yo puedo ayudarle?

Diego quiere jugar al juego de las palabras con toda esa gente, se ha encaprichado, pero no es un buen momento ni lugar. Se lo explico delicada y respetuosamente, pero su testarudez e insistencia estallan en un arrebato de ira e impaciencia y se pone a decirle a todo el mundo que quiere jugar a ese juego. Preguntando de uno en uno, insistiendo, corriendo de un lado a otro sin parar, tirando servilletas por los aires y haciendo ruidos con los cubiertos para llamar la atención de todo el mundo como si fuera una campanilla.

La gente de la mesa le observa y me observa a mí.

Le cojo, le aparto, voy a llevarle fuera del restaurante para hablar con él, pero se pone a gritar y llorar porque no le gusta que me lo lleve de allí a la fuerza. Le digo que por favor se serene que vamos a salir un momento y luego volveremos a entrar, pero no hay forma de que me escuche, mi hijo ya está fuera de sí, su cerebro primitivo se ha apoderado de él y ya no escucha razonamientos, solo atiende a sus instintos.

Ante tal escena muchos padres optarían por pegar una bofetada a su hijo, otros por gritarle y otros por dejarle hacer lo que quiera en esa mesa en la que estamos todos sentados.

Yo opto por cogerlo en brazos y llevármelo a un lugar más tranquilo, donde los estímulos no lo sobrecarguen, porque sé que mi hijo es hipersensible, donde pueda relajarse y respirar hondo. Donde pueda estar un rato y calmarlo.

Cuando salimos al exterior y Diego observa que la situación se ha desbordado de los límites se queda sorprendido, se da cuenta de que la cosa va en serio y entonces reacciona.

Se pone triste y me dice que lo siente, que él no quería comportarse de esa manera y me abraza. Me dice que por favor me ponga contenta, que no le mire con esa cara con la que le estoy mirando (debo hacer cara de estresada, él nota en seguida mis expresiones porque como he dicho es un niño con una sensibilidad especial que percibe las emociones y sensaciones de forma amplificada y tiene una empatía por encima de lo común). Yo intento empatizar y cambiar mi expresión…

¿Te identificas con esta madre? ¿Qué hubieras hecho tú en esta situación? ¿Cómo continuarías tú esta historia?

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Testarudez en niños de alta demanda

Escrito por Anna Company

¿Cómo empezó la testarudez en tu hijo de alta demanda?

Nació y empezó a poner a prueba tu paciencia, empezó a romper los esquemas que te habías formado, a nadar contra corriente…

Las cosas ya no se hacen a tu manera sino a la suya, ya no hay otra forma de hacerlas para no romper la calma, para no entrar en conflicto, él es testarudo, sabe perfectamente lo que desea y no se va a conformar con algo distinto.

Es de ideas fijas y muy concretas y por mucho que razones parece que no te escucha cuando tiene algo en la cabeza.

Es intenso, activo, enérgico y agotador, pero es una bendición, porque su espíritu y carácter fuerte probablemente le hará llegar muy lejos.

¡Sí! Es cierto que ahora es más difícil de educar que un niño sumiso, que te hace caso a la primera, que no se rebela, que no te demanda constantemente y que juega solo, tranquilamente en su habitación.

Es cierto que, por las noches le cuesta más dormir y duerme menos horas y aun así durante el día continua con su energía desbordante de arriba abajo como si hubiese dormido 3 días seguidos.

¿Cómo evolucionará la testarudez?

Pero, esta testarudez, estas ideas fijas que defiende con tanta valentía en un futuro se convertirán en perseverancia, en constanciaSon niños de objetivos claros y marcados, deseos por los que él lucha con valentía y coraje. Con creencias y determinación.

En un futuro, cuando sea adulto, luchará por sus metas de igual forma, quizás en su trabajo o por su pareja o en otro ámbito. Luchará sin miedo con la misma perseverancia y la misma creencia, con el mismo valor y la misma fuerza de voluntad. Sin pudor. Con la misma pasión.

¿Cómo son?

Son niños temperamentales, intensos, pasionales. Dices que “no para quieto” ¿Cómo va a parar quieto si es un niño?

Dices que “siempre está ideando cosas que hacer” ¿Cómo no va a idear cosas que hacer si está experimentando, si esta en continuo aprendizaje? Está en su momento, es vital. ¡Apóyale! Está evolucionando. Está creciendo. Se está haciendo persona. No le límites en el aprendizaje de su ser. No le cortes las alas, hazle volar.

Enséñale valores de vida. Con ello aprenderá las normas sociales.

Permítele que se esfuerce, que decida por sí mismo, que tome iniciativa y que celebre sus logros, para aumentar su autoestima y su carácter, para que se haga autónomo y libre, hazlo con cariño, con respeto y determinación, con firmeza, poniendo límites seguros y realistas sin coartar su libertad, su esencia.

Piensa que los niños testarudos tienen una voluntad de hierro, que su perseverancia es infinita, que es mejor no entrar en luchas de poder, evítalas. Dialoga, comunícate, utiliza siempre que puedas la empatía y la comprensión. Poniéndote en su lugar, con tranquilidad, desde la serenidad. Potenciando sus puntos fuertes, escuchándole activamente.

Cuando tu hijo tiene algo en su cabeza, cuando tiene una idea y esta obstinado en ella, tiene un motivo. Deja que te lo cuente, Intenta comprender ese motivo, ponte en su lugar y date cuenta de porque está pensando de esa forma, porque está encerrado en esa idea.

Intenta conversar con él, razona si sería posible encontrar otra solución (en el caso que esa idea no se pueda llevar a cabo en ese momento) razónale porque no se puede llevar a cabo. Concédele la importancia que se merece.

Mas características

Sabemos que los alguno niños AD además de ser muy testarudos también son niños muy perfeccionistas y exigentes, con ellos mismos y con los demás, no se dan por vencidos fácilmente porque se apasionan e ilusionan por las ideas que tienen en la cabeza, pero si entramos en su mundo, si les escuchamos, se sienten atendidos y a veces es más fácil desviar su atención hacia otro lugar.

Si encontramos en ese momento, otra cosa que capte su atención, ellos tienen una capacidad muy alta de automotivarse, enseguida inspiran pasión y entusiasmo por las cosas que hacen, aunque como digo, debemos poder captar su atención porque no suelen ser niños que se rindan fácilmente cuando se obstinan por algo.

¿Es tu hijo testarudo? ¿Cómo lo haces tú cuando tu hijo se pone testarudo?

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Mi hijo de alta demanda juega solo… A veces

Escrito por Anna Company

¿Cuándo empezará mi hijo de alta demanda a jugar solo?

7 años han hecho falta para que mi hijo empiece a jugar solo. A ratos.

Su demanda para todo ha sido constante durante todo este tiempo, pero ahora me encuentro observándole mientras juega con su gran imaginación. Habla sin parar con un tono de voz muy fuerte y se monta sus fantasías. Ya no necesita a nadie. Se distrae él solo evadido y concentrado en su mundo un buen rato y yo no le distraigo, de vez en cuando me dice “mama ayúdame a hacer esto” le ayudo y luego sigue jugando solo. Tiene una gran creatividad, no sé de dónde saca tantas ideas.

Me doy cuenta de que se ha hecho mayor, ya no es aquel bebé que me necesitaba para absolutamente todo.

Lo recuerdo como si fuese ayer, no me daba tiempo ni de respirar. Ahora me da la sensación que soy invisible en según qué momentos.

El tiempo pasa rápido, aunque cuando es un bebé parezca que se hace eterno, de pronto te encuentras que ya ha crecido.

Sé que muchas madres y padres con hijos de alta demanda estáis deseando que vuestro hijo suavice sus rasgos, que se haga más autónomo, que juegue solo, que crezca… Sé que necesitáis descansar.

Cuando llega ese momento ya no hay vuelta atrás y queda como una especie de vacío y de silencio que no se llena con nada. Tu hijo ya es un niño que se está haciendo mayor y sus necesidades cambian ya no eres imprescindible para él, es aquí cuando puedes empezar a desapegarte y desvincularte sanamente, sin que él sufra la famosa ansiedad por separación.

¿Cómo llega un niño de alta demanda a jugar solo?

Hemos llegado a este punto en que juega solo, a ratos, y ha podido ser por dos razones:

  1. O porque ha crecido y se ha hecho más autónomo por sí solo, ha aprendido a vivir de forma más independiente sin miedo y con seguridad, me refiero a que quizás ha llegado un punto en que por edad le tocaba evolucionar en este sentido y así lo ha hecho, pero dudo que haya sido tan simple, ya que hablando con otras madres de niños de alta demanda, de la misma edad, sus hijos no han evolucionado igual, por lo que sin un esfuerzo por parte de los padres, el niño AD continuaría siendo igual de demandante.
  2. O porque durante los últimos tiempos he estado haciendo un proceso de desvinculación suave, enseñándole a que sea autónomo para que se dé cuenta de que no me necesita continuamente para todo.He trabajado su autoestima y seguridad, su independencia, sus valores y autoconocimiento y autoconcepto para que pueda valerse por sí mismo y darse cuenta que no necesita a nadie y que al mismo tiempo estamos ahí siempre.

Quizás haya sido una mezcla de las dos cosas, es decir, el hecho de que como madre haya esperado a a ver que mi hijo estaba preparada para desapegarlo de nosotros y luego hacer un proceso lento y suave aplicando disciplina positiva para ello. Lo que tengo claro es que el desapego de alta demanda se debe hacer  con mucha paciencia, casi sin que se den cuenta, muy despacito.

Creo que hay un momento preciso para hacer el desapego y desvincular al niño. Debemos notar que nuestro hijo esta preparado para ello, ya sé que con los niños de alta demanda parece que nunca llega ese momento, pero en realidad no es así. Hay un momento en que ellos empiezan a querer hacer las cosas por si mismos, empiezan a solicitar ser ellos mismos y es ahí cuando debemos aprovechar el momento para desvincularlos también y darles autonomía en otros ámbitos. Y responsabilizarles de cosas para que ellos se sientan validados e importantes.

¿Que características se agudizan en los niños de alta demanda?

Cuando el niño AD se desvincula de la madre, continúa teniendo altas necesidades porque, aunque hay características que se suavizan también hay otras que se agudizan, como la testarudez, el perfeccionismo, el orgullo, la competitividad, el afecto, la hipersensibilidad.

Y ahora toca trabajar todo esto, es la nueva etapa: con paciencia y racionalización continua, debemos hacer que entren en razón cuando se ponen testarudos hacia algo.

Muchas veces dejo que las consecuencias naturales sigan su curso y aprenda por sí solo.  Depende de la ocasión. Yo como madre tambien estoy en continuo aprendizaje, mi hijo me enseña a ser paciente, tolerante y flexible.

La crianza de un hijo es eso: adaptación y paciencia. Aprendizaje.

Voy aprendiendo de él y adaptándome en cada etapa, porque todas tienen sus peculiaridades, sus diferencias.

Si algo he aprendido con la crianza de mi hijo AD es a no tener prisa. A ver los diferentes puntos de vista de una misma cosa y darme cuenta de la subjetividad de los acontecimientos. A buscar alternativas para encontrar las respuestas que necesito por mi misma, sin esperar nada de nadie. He aprendido que el rasgo de mi hijo tiene características que se convierten en fortalezas si se trabajan correctamente y que no debo desesperarme si no veo resultados instantáneos porque la crianza es un proceso evolutivo que lleva tiempo.

¿En qué se convierten los niños de alta demanda?

Los niños con temperamento intenso o de alta demanda son difíciles de criar, son un reto para cualquier padre y madre, pero bien llevados se convierten en personas extraordinarias, que destacan, son excepcionales porque sus características se desarrollan en fortalezas que no todo el mundo tiene, como la perseverancia, el liderazgo, la valentía, la lucha, la pasión, el entusiasmo, la motivación, el optimismo, etc.

Como padre y madre tienes la suerte de poder criar a un niño que se convertirá en una persona ejemplar, enorgullécete de ello. Y no dudes de él.

Todo llega, vive tu  tiempo, tu presente, no tengas prisa.

 

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Niños de alta demanda caprichosos y tozudos

Escrito por Anna Company

Niños caprichosos

Muchos niños de alta demanda a partir de los 2 años de edad empiezan a ser muy caprichosos y tozudos, tienen el deseo de conseguir algo y si se les contradice entran en terribles rabietas.

Como padres debemos poner límites para que este comportamiento se modere y el niño aprenda a gestionar sus emociones y deseos de forma positiva.

No debemos ceder ante una rabieta porque si lo hacemos el niño pensará que siempre que realice estas actitudes obtendrá lo que desea, por ello  debemos establecer normas claras y hacerlo de una forma firme y afectuosa al mismo tiempo.

¿Qué factores influyen en que un niño sea caprichoso?

Hay muchos factores que causan que un niño sea caprichoso. También hay que tener en cuenta que muchos niños nacen con esta característica más acentuada que otros, pero lo que está claro es que la educación recibida y los modelos que siguen (su familia) son claves para el buen desarrollo del niño.

Recibir una educación demasiado «hedonista» (que se guía por satisfacer al niño continuamente) hace que los niños crean que pueden conseguirlo todo y exigir más.

Falta de sociabilización

Otro aspecto que puede influir en el comportamiento caprichoso del niño es la falta de sociabilización, la ausencia de relación con otros niños hace que éste siempre sea el centro de atención, aumentando el egocentrismo que tienen los niños a estas edades.

Un exceso de atención hacia el niño influye en su comportamiento caprichoso, igual que una falta de atención por parte de los padres puede acentuar este comportamiento, porque el niño crece sin límites ni normas y cree que puede hacer siempre lo que desea.

Necesitan unas pautas a seguir y estas pautas las tienen que enseñar los padres. Es muy importante, como hemos dicho, poner límites y normas de comportamiento claros desde la infancia para que ellos entiendan qué es lo correcto y qué no.

Modelos a seguir

Otro aspecto fundamental es recordar que los niños nos utilizan como modelos para su comportamiento, imitan y se fijan en los comportamientos de los padres, por lo que tenemos que actuar en concordancia a los valores que deseamos que adquiera, recordando que nuestro hijo copiará algunas de nuestras actitudes.

Los padres tenemos las suficientes herramientas para suavizar el comportamiento caprichoso de nuestros hijos, haciéndole entender que con pataletas, gritos e ira no van a conseguir sus objetivos.

Desde que son bebés los niños empiezan a demandar las cosas que desean y lo hacen con las herramientas que tienen (lloros, pataletas, gritos…)

Utilizan cualquier medio para que sus expectativas sean cumplidas por parte del adulto.

¿Porqué muchos niños de alta demanda se muestran caprichosos?

Los niños de alta demanda suelen ser niños insatisfechos que siempre desean más de todo, nunca tienen suficiente y solicitan continuamente una cosa u otra, es una característica que forma parte de su rasgo. Cuando no lo consiguen se frustran y su poca tolerancia a la frustración detona grandes berrinches.

Como hemos dicho en anteriores publicaciones, cuando un niño está en un estado de “berrinche” no debemos intentar razonar con él. Debemos esperar a que se calme porque mientras esta con la pataleta no puede escucharnos tenemos que reconectar nuestros cerebros derechos. (Si quieres leer  sobre la técnica «conecta y redirige» del psiquiatra Daniel J. Siegel hazlo aquí)

Así pues, tenemos que tener en cuenta que intentar satisfacer los deseos de nuestros hijos a toda costa es algo contraproducente, ya que si lo hacemos nuestros hijos serán cada vez más exigentes y tozudos, creando un bucle infinito del que es muy difícil salir. A demás a medida que el niño va creciendo es más difícil marcar límites y normas si no se ha hecho con anterioridad ya que el niño ya ha aprendido una forma de comportarse que cree que es la correcta y con la que obtiene los resultados que busca.

Desde la infancia debemos marcar estos límites y normas de comportamiento a nuestros hijos, como hemos dicho con cariño y firmeza a la vez, o sea, utilizando la disciplina positiva.

Si como padres vamos cediendo siempre a sus pataletas y satisfaciendo sus deseos continuamente, en el momento que no consigan lo que quieren tendrán reacciones cada vez más fuertes y conflictivas.

¿Cómo actuar ante los caprichos de nuestros hijos?

Cuando tu hijo tenga una rabieta, como hemos dicho, tenemos que esperar a que se calme para poder hablar con él, ya que en el momento que esta con el berrinche no puede escucharnos ni entendernos, así pues, el mejor modo de tratar las pataletas es teniendo mucha calma y paciencia. No cediendo al deseo del niño, pero tratándolo con cariño, intentando empatizar con él y comprender que lo que él está sintiendo es real y a su nivel puede ser muy importante, aunque a nosotros nos parezca un capricho más, quizás el niño lo esté interpretando como algo muy valioso.

Los niños de alta demanda que suelen ser testarudos y muy perseverantes hacen que muchas veces nos cueste aguantar una postura firme frente a sus peticiones, porque sería mucho más fácil ceder y evitar la pataleta, pero si lo hacemos el niño usará siempre esa herramienta para satisfacer sus deseos y no aprenderá a gestionar sus emociones correctamente.

Tenemos que tener en cuenta que negarle un capricho no significa hacerlo riñéndole, como hemos dicho, podemos y debemos hacerlo de forma firme pero afectuosa y sobre todo explicando las razones por las cuales no puede obtener dicho capricho, para que él pueda razonarlo y entenderlo.

De este modo le hacemos entender que nuestra posición no va a variar por mucho que persista.

Así pues, la actitud más adecuada ante los caprichos de nuestros hijos no es satisfacerlos continuamente por miedo a que tengan una rabieta, sino trabajando sus frustraciones y explicándole las razones por las cuales no puede obtener aquello que solicita, haciéndole comprender que la mejor forma de satisfacer sus deseos es mediante la comunicación sana y no con gritos o comportamientos conflictivos.

Esto no significa que de vez en cuando, si lo que el niño esta solicitando es razonable podamos ceder ante la acción, este hecho también refuerza su autoestima y seguridad. Si el niño tiene una explicación lógica ante una petición de su deseo y se hace entender podemos ceder y otorgarle dicho deseo si no es dañino ya que tiene un razonamiento lógico y debemos premiar su actitud (perseverancia, constancia, lucha, etc.) son virtudes humanas y puntos fuertes que debemos valorar de los niños AD y fortalecer en ellos. (Ojo el premio no deben ser cosas materiales, sino morales).

A medida que el niño va creciendo, si se han marcado correctamente los límites y las normas y se han consensuado y negociado en familia (haciéndole partícipe de ello), veremos como el niño va desarrollando las herramientas necesarias para gestionar su frustración y entender las razones por las cuales no puede obtener siempre todo lo que desea, ayudando al niño a crecer de forma autónoma y colaborativa.

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Evolución de mi hijo de alta demanda con 5 años

Escrito por Anna Company

5 años después de tener a mi hijo de alta demanda

Cuando mi hijo nació cumplía todas las características que el Dr. Sears estableció para englobarlo como niño de alta demanda (puedes leerlas aquí). Yo era una madre primeriza y no entendía cómo podía educarle, ya que mi hijo parecía no cumplir los comportamientos y actitudes que tenían la mayoría de niños y lo que a otras madres y padres les servía para educar a sus hijos, no servía con el mío.

Él no era un niño que se calmara en cuanto tenía sus necesidades básicas satisfechas, como los bebes de otras madres, mi hijo lloraba y lloraba de forma intensa y era insaciable. Nada le satisfacía, siempre buscaba más y más de todo, más brazos, más comida, más juego, etc.

Su temperamento ha evolucionado bastante en estos 5 años. Hemos pasado por diferentes etapas que, por el hecho de ser un niño de alta demanda, se han hecho más intensas de lo “normal”.

Primera etapa de la alta demanda

La primera etapa era la demanda de contacto y vínculo continuo, el hecho de necesitarme para absolutamente todo, desde bebé hasta los 2 años recuerdo haberlo tenido pegado a mi continuamente para cualquier cosa. Recuerdo no poder llevarlo en el cochecito como otras madres hacían, porque se inquietaba y solo quería brazos y mas brazos. Recuerdo todas aquellas noches de sueño interrumpido por sus demandas, recuerdo aquellos momentos en que dudaba de si lo estaba haciendo bien como madre.

Mi hijo es un niño muy alegre, mostraba su alegría de una forma muy potente, siempre todas las sensaciones y todo lo que hacía, lo hacía de una forma como exaltada.

Cuando aprendió a hablar su voz era de un tono fuerte y rápido, era como si necesitara ser escuchado por todo el mundo, gritaba en vez de hablar hasta tal punto que creí que tenía algún problema en la escucha y lo llevé al médico. No tenía ningún problema ni dificultad, simplemente vivía las cosas de una forma muy apasionada y los estímulos que le llegaban (que la mayoría ni notamos) él los sentía con tanta fuerza que se sobreestimulaba.

En esa época, fue cuando como madre preocupada busqué orientación e información por todos lados y encontré el término de alta demanda y comprendí muchas cosas gracias a ello, comprendí que mi hijo no tenía ningún trastorno, ni enfermedad y que simplemente tenía un temperamento más intenso que la mayor parte de los niños. (Si quieres leer sobre el temperamento intenso puedes hacerlo aquí).

Segunda etapa de la alta demanda

A los 2 años empezamos con otra etapa distinta, mi hijo empezaba a poder dormir solo en su habitación (a ratos) y comenzaba también a tener vínculo con otras personas, siempre familiares, ya no era tan conflictivo el hecho de separarse de mí. Lo llevamos a la guardería y aunque las primeras semanas nos costó su adaptación, luego con el transcurso de los días, veíamos que iba contento y que además le servía para socializarse con otras personas y no estar tan pegado a nosotros.

De los 2 a los 4 años y medio tuvimos una etapa difícil, la etapa de las rabietas y las conductas desafiantes. Eran continuas luchas de poder con todo el mundo. A demás tenía muchas frustraciones que no toleraba bien y eso hacía que desembocara una rabieta descomunal.

Nosotros utilizamos la disciplina positiva como modelo de crianza, y manejamos como pudimos sus rabietas siempre intentando enseñarle a gestionar sus emociones de forma positiva, para que no tuviera los impulsos negativos que veíamos como: arrojar cosas, golpear, morder, etc.

Intentamos redirigir esa energía negativa incontrolable con paciencia y cariño y fue muy lento y difícil, pero ahora con 5 años hemos conseguido que en vez de frustrarse e iniciar una rabieta, se comunique con nosotros y utilice otras alternativas.

Cuando mi hijo se enfada, ahora con 5 años, llora y grita y continua teniendo ese ímpetu que tienen todos los niños de alta demanda, pero lo sabe gestionar, ya no tira todo lo que encuentra a su alcance, ya no reacciona de forma provocadora y a demás sus enfados ya no son tan intensos, cosa que hace que él mismo pueda regularse y calmarse, es como si su razonamiento hubiera evolucionado y pensara las cosas antes de hacerlas, ya no hace las cosas por impulso, ahora cuando hace algo incorrecto él tiene consciencia del hecho.

Recuerdo que en la etapa de los 2 a los 4 años, como madre tenía miedo de no poder controlarlo, tenía una actitud tan desafiante y negadora que me preocupaba que mi hijo no aprendiera a gestionar sus emociones y se convirtiera en un niño con un trastorno de comportamiento que en la adolescencia y edad adulta le repercutirían negativamente, tenía miedo de su evolución porque creía que jamás iba a cambiar esos estados exaltados y esos berrinches que tenía continuamente. Pero no fue así.

Durante esa época no podíamos ir a ningún sitio con él, porque todo se convertía en un conflicto, en gritos, lloros, rabietas y malestar.

Tercera etapa de la alta demanda

Aproximadamente a los 4 años y medio miré hacia atrás y me di cuenta de que su actitud había cambiado, era como si ahora pudiera racionalizar sus emociones, frustraciones, ira. Suavizarlas, como si ya entendiera que una rabieta no servía para mejorar la situación. Mi marido y yo jamás cedíamos ante las rabietas y solicitudes caprichosas de mi hijo, pero lo tratábamos empatizando con él y comprendiendo su estado y aunque no cedíamos si que intentábamos, por todos los medios, no llegar a ellas, evitando situaciones que sabíamos que iban a crear conflicto o iban a sobreestimular sus emociones.

Con el tiempo él aprendió que una rabieta, que esos comportamientos agresivos que tenía, no servían para conseguir lo que deseaba y vio que comunicándose de forma sana con nosotros sí podía llegar a conseguir aquello que deseaba, siempre y cuando estuviera en nuestras manos.

Con 5 años puedo razonar con él y muchas veces, cuando entiende las razones por las cuales algunas cosas no se pueden hacer o tener ya no se frustra, simplemente lo comprende y se olvida de ello. Sabe gestionar la mayoría de sus frustraciones y aceptar la situación porque la entiende, porque se la explicamos poniéndonos a su nivel, empáticamente.

Es verdad que ahora que ha suavizado muchas de sus características, como por ejemplo la autonomía, convirtiéndose en un niño más autónomo, que no tiene ansiedad por separación, que duerme solo y que ya no tiene esos berrinches descomunales, tiene otro tipo de características que se pueden haber acentuado, como su testarudez y perseverancia, que aunque mucha gente diga que cuando sea adulto le servirá en muchos aspectos, actualmente nos dificulta su crianza ya que, al ser también un niño muy competitivo e insaciable, hace que muchas veces sea todo un desafío hacerle entrar en razón ante algún suceso. Él tiene sus ideas bien concebidas y no hay quien las varíe por mucho razonamiento que hagamos. Pero me siento orgullosa porque veo que tiene unos valores firmes y que lucha por ellos.

Conclusión

La verdad es que me alegro de como es mi hijo, aunque sea más agotadora su crianza, me encanta la personalidad que está desarrollando y creo que le va a ayudar a lo largo de su vida.

Puedo decir que ahora, yo tengo momentos de paz en los que mi hijo no me está agarrando del cuello ni solicitando continuamente la atención, tengo momentos en que lo observo jugar a solas.

Está en una etapa en que me sorprende su gran creatividad e imaginación y aunque sigue siento un niño muy acelerado, también tiene momentos de tranquilidad en los que puede estar concentrado en alguna actividad que le guste durante bastante tiempo.

Sigue siendo un niño muy activo, no para nunca quieto y habla sin parar, nos pregunta y solicita para muchas cosas, pero de una forma más serena que cuando tenía 2 o 3 años.

Duerme 8 horas, él solo, en su cama y aunque me demanda cuando se despierta a las 5h de la mañana para que me acueste a su lado todavía, nos deja un descanso nocturno de varias horas seguidas.

Su desbordante energía y pasión por las cosas, no ha cambiado, sigue estando presente en su comportamiento diario, sigue siendo un niño incansable que busca estímulos por todas partes.

Su sensibilidad ha aumentado, se ha convertido en un niño con una empatía enorme y que a través de sus sentidos percibe cosas que otros niños no ven.

Muchas veces me planteo el hecho de que mi hijo ya no sea de alta demanda, porque, aunque sigue teniendo unas necesidades de cuidado distintas a la mayor parte de los niños, también ha suavizado mucho algunas de las características que se englobaban en este término.

Lo que tengo claro es que mi hijo en un niño altamente sensible y que esto es una excepcionalidad que debo tener en cuenta en su educación y en la comprensión de su comportamiento, porque muchas veces, las respuestas que tiene hacia ciertos estímulos son a causa de ser hipersensible,  porque está recibiendo demasiada información de golpe por todos sus sentidos. Si quieres ver las características de los NAS (Niños altamente sensibles) hazlo aquí.

Así pues, a veces me pregunto, si realmente la alta demanda existe en la adolescencia y en la edad adulta o si bien la alta demanda desaparece cuando los niños crecen y se queda solamente la hipersensibilidad que tienen desde bebes, cosa que hace también que sean más intensos, con una emocionalidad más elevada de lo normal que repercute en sus actitudes diarias.

Modelos educativos

A veces me pregunto si ciertos modelos educativos pueden hacer que un niño de alta demanda suavice su rasgo y haga que sus necesidades no sean tan intensas y si quizás otro modelo de crianza pudiera haberle perjudicado haciendo que se convirtiera en un niño rebelde, desafiante, negativo, etc. (Si quieres saber mas sobre los modelos educativos puedes leer aquí)

Lo que está claro es que lo más importante para los padres de los niños AD es comprender que debemos ser muy, muy pacientes con ellos y  tener en cuenta que los rasgos que tienen, bien llevados y trabajados, se convierten en fortalezas más tarde.

Creo que si nos basamos en una educación positiva hacia el niño, podemos modelar algunas características de ellos y enseñarles a canalizar sus emociones para que vivan de forma autónoma, segura y feliz.

Trabajar su autoestima, sus emociones, sus sentimientos y no intentar cambiarlo, es lo que ha hecho que ahora mi hijo de alta demanda sea como es y me haga sentir orgullosa de él.

Para todas las madres que tenéis un bebé de alta demanda, aquellas que casi no dormís y que tenéis dolor de espalda de tenerlo siempre en brazos, para aquellas madres que oyen llorar y llorar a su hijo sin comprender qué le sucede, para aquellas que viven sus berrinches y aquellas que dudáis de si lo estáis haciendo bien, os comparto esta publicación.

Porque muchas veces cuando ves el túnel solo negro, crees que no tiene salida, pero quizás sea porque todavía se debe caminar un poco más.

Sé que es muy cansado, desesperante y angustiante según en qué momentos, pero esos momentos después de 5 años, en mi caso, son mínimos y disfruto mucho de la crianza de mi hijo y de ver su desarrollo.

Está claro que tengo que seguir trabajando con mi hijo muchos aspectos, como todas las madres, pero os aseguro que vale la pena.

Los rasgos de la alta demanda varían con la evolución del niño y se pasan distintos periodos que tienen sus peculiaridades y que como hijos intensos que son, suelen hacer las cosas de forma mucho más acentuada, lo viven todo con una pasión extraordinaria.

Ellos lloran fuerte pero también ríen fuerte.

En mi opinión, lo básico es tener en cuenta su alta emocionalidad y trabajarla, a partir de ahí todo es mucho más sencillo. Él debe saber que le comprendes. Que estás ahí, que le amas.

 Características después de 5 años:

Hiperactividad.

Continúa siendo muy activo, nunca para quieto y su forma de jugar y hacer las cosas es acelerada. Sigue teniendo un ritmo difícil de seguir e incansable.

Demandantes.

Todavía necesita que esté a su lado para muchas cosas del día a día, juega solo a ratos, pero primero siempre intenta que estemos junto a él. Quiere ser el centro de atención en todo momento, pero a diferencia de cuando era un bebe, cuando le gusta una actividad puede hacerla él solo sin demandar la presencia de los familiares, durante bastante más rato que hace unos años que nos demandaba al lado para todo. Es más autónomo en la mayor parte de las cosas, y aunque sigue solicitando atención,  no lo hace de la misma manera, ahora razona y se comunica pidiendo ayuda con palabras cuando la necesita.

Absorbentes.

Sigue teniendo una energía desbordante y absorbe la energía de los demás. Pero tiene más ratos de estar él solo haciendo una actividad, nos da respiro cuando la actividad que hace le gusta, se concentra mucho y parece que se olvide de la gente que está a su alrededor durante un rato largo. Antes cambiaba su actividad cada 5 minutos y nunca tenía suficiente, demandaba nuestra presencia para hacer cualquier cosa y absorbía nuestras energías mientras transcurrían las situaciones.

Como he dicho ahora es más autónomo y racional y parece que entiende que hay momentos en que no podemos estar pendiente de él y lo acepta, se distrae él solo la mayor parte de las veces ya que además tiene una imaginación muy amplia y la utiliza para el juego.

Mas despertares

Solo tiene 1 despertar de madrugada, el resto del tiempo duerme solo en su cama. Para dormirlo tengo que tumbarme junto a él y tocarlo, él tiene la costumbre de poner su mano en mi mejilla todo el rato hasta que se duerme. Cuando se duerme puedo dejarlo solo durante unas 8  horas en su habitación, luego se despierta y me demanda a su lado, para palparme de nuevo la mejilla hasta que se vuelve a dormir un rato más.

Ya no se despierta 8 o 9 veces por la noche solicitando contacto como cuando era un bebé.

Alta sensibilidad

Su sensibilidad ha aumentado, siente todo con mucha intensidad, es un niño muy empático y percibe todos los detalles de forma muy acentuada. Es la característica,  en mi opinión,  más importante, porque de ella derivan muchas actitudes que se muestran diferentes a la mayoría, el hecho de sentir más, de pensar más, de emocionarse más, deriva en comportamientos que a veces a los adultos nos pueden parecer sorprendentes pero que tienen su motivo si nos ponemos a su altura y empatizamos con ellos.

Por ejemplo, en una comida familiar él puede sentir ciertos estímulos que lo aceleren y le creen cierta euforia, con lo que su comportamiento pasa a ser muy hiperactivo, exaltado e intenso. Si nos paramos a pensar todas las emociones que está sintiendo e intentamos ponernos en su lugar, nos damos cuenta que tiene sus razones para según qué actitudes impredecibles. Cuando tiene un comportamiento fuera de lo que es “socialmente normal” si tiramos de la cuerda y miramos el fondo, lo que ha podido producir esa actitud, nos damos cuenta que muchas veces es una sobrecarga emocional que no sabe, todavía, gestionar correctamente.  No debemos ver solo la punta del iceberg (el comportamiento) sino buscar en el fondo y encontrar la razón por la cual tiene ese comportamiento, la base, porque hay un fondo que lo ha detonado, aunque nosotros como adultos no lo hayamos percibido, él con su alta sensibilidad sí lo ha hecho. Quizás no sepa gestionarlo correctamente todavía, pero si nos fijamos en él y en los acontecimientos veremos que siempre hay un detonante hacia ciertas actitudes. Como padres debemos ser conscientes y comprenderle y también prepararle para esos acontecimientos que sabemos que le van a sobrecargar, evitando así el comportamiento conflictivo del niño o suavizándolo al máximo.

Necesidad de contacto continuo.

Solicita contacto y afecto, pero no de forma continua, ahora es mucho más autónomo.

Intolerantes a la separación.

No sufre ansiedad por separación y puede estar sin nosotros sin problemas, aunque no le gusta estar solo ya que siempre necesita tener a alguien cerca, pero es un niño independiente que puede estar con otras personas fuera de su entorno familiar.

Impredecibles.

Sigue siendo un niño del que sorprenden sus reacciones, aunque este rasgo también se ha suavizado porque ahora parece que lo razona todo mucho más y no estalla en ira. Sus comportamientos a veces son exaltados y no responden a lo esperado en ese momento, pero es debido a su gran emocionalidad, cuando esta sobrecargado o sobreestimulado actúa de una forma más impetuosa y espontánea que a veces nos asombra, por ello es importante entender qué ha podido causar ciertas reacciones y darnos cuenta que la mayoría de veces se trata de un cúmulo de estímulos que lo sobreexcitan y le hacen actuar de manera diferente a lo más común. Es un niño que se va excitando y excitando a pasos agigantados y luego no tiene las herramientas para bajar esa excitación, por ello necesita todavía la presencia de los padres para poder calmarse.

Insatisfechos.

Sigue queriendo siempre más de todo como si nunca fuese suficiente.

Otras características de mi hijo de alta demanda después de 5 años:
  • Valiente
  • Inteligente
  • Testarudo
  • Competitivo
  • Exigente y perfeccionista
  • Afectuoso
  • Pasional
  • Perseverante

Te animo a que expliques tú también cómo es la evolución de tu hijo de alta demanda o qué aspectos han cambiado durante su crianza porque a otros madres/padres nos puede servir de ejemplo para esclarecer dudas.

Diferencias y similitudes entre alta demanda, alta sensibilidad y altas capacidades

Escrito por Anna Company

¿Están relacionados los términos alta demanda, alta capacidad y alta sensibilidad?

En los tres casos cabe destacar que no estamos tratando con ninguna enfermedad que pueda diagnosticarse en un hospital ni que requiera medicación, hablamos de características, personalidades y temperamentos de personas que tienen una base común: la hipersensibilidad.

En los tres rasgos encontraremos otras características comunes y otras que se contradicen, por ello debemos diferencias cada rasgo por sí mismo.

Seguramente, como padres, hemos llegado a estos términos al reconocer en nuestros hijos signos que se distancian de lo considerado “común” y analizando o estudiando el caso de nuestros hijos, hemos visto en ellos rasgos que prevalecen y les diferencian, signos que a veces hacen más complicada su crianza o que simplemente nos hacen cuestionarnos los métodos que utilizamos de educación.

Es importante, señalar que no hay ningún niño igual a otro, que cada uno es un mundo, con sus características, temperamento y rasgos diferenciados de los demás, por ello, englobar o etiquetar a un niño en un conjunto de signos es algo que se dificulta hoy en día y más cuando estamos tratando con signos tan subjetivos que pueden ser entendidos de diferente manera según qué persona los trate, por eso que un niño cumpla la mayor parte de las características de un rasgo no garantiza que tenga ese rasgo.

Hijo excepcional

Por otra parte lo que está claro es que como padres sabemos cuándo tenemos un hijo excepcional, quizás no podamos ponerle un nombre o etiqueta a sus signos o características, porque puede que ni tan solo conozcamos el término, a veces, sobre todo al principio, podemos tener dudas sobre qué es lo que le sucede a nuestro hijo, y por este motivo busquemos alternativas de crianzas e información para abastecernos de explicaciones que den respuestas a nuestras dudas. Es normal que como padres y madres luchemos por comprender las actitudes y comportamientos de nuestros hijos e intentemos buscar respuestas a las dificultades que nos vamos encontrando.

Aceptación del temperamento

Al final llegamos a la conclusión de aceptar la realidad y trabajar conforme a ella, analizando cuál es la mejor manera de llegar a los resultados que esperamos en la crianza de nuestros hijos. Por ello es muy importante poder saber si nuestro hijo se engloba en alguno de estos rasgos, ya no para etiquetarlo, ni juzgarlo, sino para poder afrontar su educación, cuidado y crianza conforme a sus necesidades, para potenciar sus puntos fuertes y mejorar sus debilidades, para conocerle y comprenderle y guiarle en el camino de su desarrollo de la mejor forma posible, según los valores que establezcamos como positivos. Y sobre todo para que se sientan acompañados, integrados, cuidados y amados

Porque muchas veces tener una excepcionalidad, sea la que sea, puede hacerte sentir muy solo y perdido porque te sientes diferente a la mayoría,  sobre todo si eres un niño que desconoce lo que sucede.

Así pues, vamos a ver qué es cada uno de estos rasgos, en qué se asemejan y en qué se diferencian

Definiciones AD (Alta Demanda), AS (Alta Sensibilidad) y AACC (Altas Capacidades):

Si quieres ver qué es la alta demanda (AD) puedes leer aquí

Si quieres ver qué es la alta sensibilidad (AS) puedes leer aquí

Si quieres ver que son las altas capacidades (AACC) puedes leer aquí

¿Qué características cumplen cada rasgos?

 

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¿Cómo es un niño de alta demanda?

Escrito por Anna Company

¿Qué es la Alta Demanda?

El término “bebé de alta demanda” lo acuño el pediatra William Sears cuando observó, desde el nacimiento de su cuarta hija Hayden, un comportamiento destino a lo que había experimentado con sus tres anteriores hijos.

Su hija mostraba unos rasgos de temperamento mucho más intensos y demandantes que sus hermanos por lo que William Sears tuvo que adaptar su forma de crianza a ella ya que intuyó que requería de unas necesidades específicas para su desarrollo y crecimiento positivo, de ahí el término “High need baby” que se traduce como bebé de altas necesidades.

Como explica el Dr. Sears en su web: Hayden nos hizo volver a evaluar nuestras funciones como padres. Nosotros siempre habíamos pensado que para llevar a cabo una crianza eficaz era necesario un control constante”

Williams Sears se dio cuenta de que ese modelo educativo más autoritario no funcionaba con su hija, por lo que tuvo que adaptarse a ella y cubrir sus necesidades con un modelo educativo alternativo, de ahí surgió el término “crianza con apego” que es el modelo con el que educaron a Hayden.

¿Qué rasgos tenía Hayden?

¿Qué rasgos tienen los niños de alta demanda?

Máxima intensidad.

Los niños de alta demanda suelen ser niños que muestran sus reacciones de forma exaltada, sus comportamientos y actitudes son más enérgicas de lo normal, tienen más fuerza. Cuando ellos ríen lo hacen con toda su pasión igual que cuando lloran. Manifiestan sus acciones con una magnitud amplificada.

Hiperactividad.

Los niños de alta demanda destacan por su energía y su actividad motora, normalmente no paran quietos, suelen estar siempre moviéndose de un lugar a otro y esta es una característica clave que marcaba el Dr. Sears en sus estudios.

Demandantes.

Son niños que se rigen por una demanda de atención, de cuidados y de peticiones constantes de una y otra cosa ya sea alimento o afecto para calmar su intensidad.

Absorbentes.

Los niños de alta demanda suelen absorber la energía de los demás con su gran intensidad emocional, con su ímpetu y energía y sus constantes demandas de contacto y atención.

Despertares frecuentes o micro siestas.

Son niños que no necesitan dormir demasiado, están tan entusiasmados con la vida que para ellos dormir es como una pérdida de tiempo, no quieren perderse ningún estímulo.

Alta sensibilidad.

Perciben las sensaciones y emociones de forma amplificada, los ruidos, los olores, el dolor. Todo.  Si quieres leer más información sobre los niños altamente sensibles (NAS) puedes hacerlo aquí. 

Necesidad de contacto continuo.

El apego y contacto continuo en los niños AD está muy arraigado, es una característica que marcó el Dr. Sears como crucial y por ello inventó la llamada “crianza de apego” para educar a su hija Hayde (de alta demanda), ya que observó que los otros modelos educativos no servían para ella.

Necesitan ser alimentados con frecuencia.

Utilizan la alimentación para saciar su necesidad de contacto y su intensidad.

No se calman solos.

Una de las características que remarcaba el Dr. Sears en sus estudios para englobar a los niños dentro del temperamento de la alta demanda era la del hecho de si el bebé o niño podía calmarse solo después de un berrinche o rabieta o de un estado emocional desbordante, cuando el niño necesita la ayuda del adulto para realizar esta acción y no puede rebajar su intranquilidad de forma espontanea por sí solo se diría que cumple también con esta característica de intensidad emocional y necesidad de cuidados especiales  que lo caracterizan con el temperamento de alta demanda

Intolerantes a la separación.

Están tan apegados a la figura materna que cuando se separan de ella entran en un estado de fuerte intranquilidad y despiertan su instinto intenso y demandante.

Impredecibles.

Son niños que tienen una respuesta ante una situación y al día siguiente pueden responder de forma totalmente distinta. Como padres nunca sabes qué va a funcionar.

Insatisfechos.

Suelen tener esa especie de “hambre” hacia todo, de querer siempre más y más. Como si nunca estuviesen satisfechos. Cuando hablamos de insatisfacción nos referimos a que el niño siempre quiere más de todo, que nunca tiene suficiente, que no se conforma con lo que tiene, que, aunque consiga lo que desea, luego persigue un objetivo todavía mayor al que se había planteado. Los niños de alta demanda suelen mostrarse insatisfechos, porque se marcan unas expectativas muy altas.

Estos son los rasgos básicos de los niños de alta demanda, pero hay muchas otras características que definen su temperamento pero que dependen de la personalidad de cada niño.

Otras características:

  • Son niños desafiantes
  • Obstinados
  • Valientes
  • Miedosos
  • Inteligentes
  • Testarudos
  • Algunas veces competitivos
  • Exigentes y a algunas perfeccionistas
  • Buscadores de estímulos
  • Impacientes
  • Persistentes y perseverantes
  • Curiosos y creativos

**Información importante**

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¿Cómo son los niños de alta demanda?

Escrito por Anna Company

¿Como son los niños de alta demanda?

Inquietos mental y físicamente, aunque puedan presentar una apariencia tranquila por dentro tienen un motor incesante de inquietud, su cabeza no para nunca de pensar y de buscar estímulos continuos.

Se pasan el día buscando satisfacer su interior con estímulos constantes por eso suelen frustrarse tanto cuando no reciben los estímulos que necesitan del otro.

A demás son personas muy sensibles, muy susceptibles y perciben mucho más que el resto de las personas, esto genera que cualquier emoción la vivan de forma exagerada, aumentada.

¿Qué necesitan los niños de alta demanda?

Necesitan una continua aprobación del otro y ser su centro de atención y cuando no lo consiguen entran en rabieta o ira, esto vuelve a generarles frustración, irritabilidad y puede desembocar en baja autoestima por creer (de forma errónea) que no son suficientes por no tener la capacidad de ser lo suficientemente importantes para que el otro les presente la atención que ellos necesitan.

Son niños intensos, apasionados y entusiastas en todo lo que hacen si les gusta, mientras no se aburran, aunque al mismo tiempo suelen aburrirse con mucha facilidad cuando el estímulo no es el correcto y entonces pierden el contacto con la realidad y se dispersan en su fantasía.

Son absorbentes con los demás, sobre todo con las personas más próximas, las de más confianza a quienes les exigen mucho y les demandan mucho afecto y contacto continuado.

Son personas a las que les cuesta tener un autocontrol y autorregulación emocional, por eso son totalmente impredecibles, cambiantes y contradictorias. A demás se sobre estimulan y sobreexcitan y luego les cuesta “bajar” calmarse por sí mismas, por lo que a veces, pueden estar sobreexcitadas durante largos periodos de tiempo. Sueles ser muy enérgicos y con un tono de voz alto.

Parecen insatisfechos, como si nunca estuvieran del todo contentos con lo que hacen o tienen y siempre quisieran más y más, no tienen un punto medio o un equilibrio. Ellos no pueden tener “un poco” de esto… ellos lo quieren TODO lo viven todo de forma absorbente, demandante, insistente.

Son así con ellos mismos y con los demás.

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