La hipersensibilidad y los miedos en los niños de alta demanda

Escrito por Anna Company

La hipersensibilidad de los niños AD hace que sientan mucho más que la mayoría de las personas y esto provoca en ellos más estímulos y percepciones en su día a día.

Algunas veces esto puede provocar ciertos miedos a causa del desconocimiento, porque tienen sensaciones que les sobrecargan y absorben una cantidad de estímulos mayores.

Deducen hechos que normalmente pasarían desapercibidos. Las emociones en los niños AD están en continua ebullición y saber gestionarlas es algo que deben aprender desde la infancia.

Inteligencia

Cada niño tiene una inteligencia distinta y es posible que haya niños que muestren mucha inteligencia para algunas cosas y menos para otras, según sus intereses, lo que esta estudiado es que los niños que tienen mayor inteligencia presentan mayores miedos. Porque procesan el pensamiento de una forma mas intensa y rápida.

La explicación a esto se debe a su hipersensibilidad y emocionalidad porque intuyen el peligro más que el resto de la gente, suelen hacer preguntas como por ejemplo ¿Cuándo se va a morir el abuelo? o ¿Qué pasaría si cayera un rayo encima de nuestro coche? Preguntas que les preocupan y que son una posible alternativa de las muchas que han procesado internamente.

Pueden captar la parte negativa de los acontecimientos porque mentalmente han barajado primero, varias opciones, pero con su corta edad todavía no tienen los recursos para racionalizarlas  y por este motivo sienten cierta ansiedad o miedo.

¿Qué hacer?

Pueden tener miedos que para algunos adultos parecen exagerados, como miedo a bañarse en el mar porque hay peces, miedo a que se caiga un árbol encima de su casa, enfrentarse a cosas nuevas, etc.

Ellos tienen una lógica correcta en esos miedos (porque lo que piensan son cosas que podrían suceder) y como padres debemos mostrar empatía y conectar con ellos, entender sus razonamientos y explicarles y reconducirles para que sientan seguridad. Vemos que algunos niños desisten, a veces, de hacer cosas por miedo.

La mejor forma de tratarlo es hablando con ellos y dando explicaciones claras y objetivas de lo que va a suceder para dotar al niño de las herramientas necesarias para cambiar su miedo hacia una emoción neutra o positiva.

No debemos forzarles, sin darles explicaciones, a afrontar esos miedos porque esto hará que el niño se oculte en sí mismo.

¿Cómo evoluciona?

Es bueno saber que este tipo de niños, en la edad adulta, no suelen ser miedosos ya que saben equilibrar mejor el peligro, por su inteligencia, y suelen ser personas precavidas que dan a cada situación la importancia que merece.

Algunos familiares y profesores insisten en que los niños miedosos deberían hacer las mismas cosas que hacen los otros, obligándoles a enfrentar bruscamente sus miedos, es decir, creen que es un retraso que estos niños sientan este tipo de miedos y consideran que no evolucionan correctamente al negarse a hacer según que suceso.

Pues en la mayoría de los casos no es un retraso sino un adelanto, es una muestra de consciencia e inteligencia superior al resto. lo que no ven los otros niños, ellos lo intuyen. Lo sienten. Es la hipersensibilidad que le dota de una especie de sexto sentido.

Conclusión

Como padres debemos respetar las emociones de nuestros hijos y también debemos respetar sus tiempos y necesidades. Muchos niños AD necesitan primero asimilar sus emociones para poder enfrentarse a según qué acontecimientos. No hace falta que entren en un estado de ansiedad para superarse a sí mismo. Es necesario darles su tiempo y ellos mismos, por su lógica e inteligencia, tomaran la decisión adecuada según su propio razonamiento y necesidad.

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Apego y desapego en niños de alta demanda

Ilustración de  Ikerne Itoiz
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¿Qué es el apego?
Vínculo emocional que perdura en el tiempo y que se desarrolla y consolida entre cuidador y niño produciendo seguridad, paz y placer. La separación o amenaza de pérdida de este vínculo produce intensa ansiedad al niño.
 

Apego seguro

El cuidador da respuestas al bebe demostrando cariño, protección, disponibilidad y atención permitiendo al niño desarrollarse de forma positiva y generando un entorno de confianza pudiendo usar sus figuras de apego para obtener seguridad en momentos de angustia. Esto hace que el niño se convierta en una persona estable, integrada, positiva y coherente.
 

Apego inseguro

El cuidador sólo está disponible en ciertas ocasiones y esto crea ansiedad de separación al niño generando desconfianza e inseguridad debido a la inconsistencia del vínculo emocional. Podemos encontrar más tarde problemas de comportamiento en los niños que se han criado con este tipo de apego, rebeldía, ansiedad, trastornos de la alimentación, falta de cariño, etc.
 

Apego inseguro evitativo

El cuidador no atiende a las necesidades del niño haciendo que el niño no desarrolle su sentido de confianza, generando inseguridad y mostrando total desinterés por las figuras cuidadoras.
Pueden desencadenar inseguridad a las relaciones sociales y miedo a la intimidad, son niños que prefieren mantenerse alejados de los demás, aunque aparentemente parezcan que son fuertes su dolor va por dentro. Son muy propensos a la fobia social.

 Apego desorganizado

La respuesta del cuidador ante el niño es exagerada o demasiado exaltada, esto genera desorden y confusión en el niño y mucha inseguridad.
Los niños se desarrollan con miedo a las relaciones y sin capacidad para afrontar situaciones estresantes, también les cuesta expresar sus emociones.
 

Llega el momento del desapego

Después del vínculo creado y del esfuerzo realizado llega el momento de enseñar al niño a ser autónomo e independiente, a que sea él mismo.
El momento del desapego llega tarde o temprano y es imprescindible pasar por ello para que tu hijo desarrolle sus capacidades y habilidades de crecimiento para la vida, es un proceso de evolución que se debe seguir.
Sabemos que los niños AD nos demandan constantemente para todo, en todas sus actividades, pero es importante que lentamente vayamos acostumbrándolos a independizarse, a que hagan las cosas por sí mismos, sin necesidad de ser atendidos, escuchados, observados continuamente. Para acostumbrarles a ello debemos hacer cambios muy suaves que casi no se noten y en los momentos adecuados, porque los niños AD, por su alta sensibilidad, van a percibir cualquier cambio que hagamos a nivel emocional y lo van a vivir de forma exagerada así que como padres tenemos que tener mucha paciencia e ir muy lentamente.
 
El niño, al principio va a sentir cierta ansiedad por separación posiblemente, aunque lógicamente, ya comprende que él es una figura separada de su cuidador y que, aunque su cuidador no esté físicamente a su lado, no significa que no vaya a volver. Y seguramente cuando nos alejemos nos va a solicitar continuamente la atención “mama! Papa! Esto o lo otro!”.
Esta cierta ansiedad vivida durante el proceso de desapego permite al niño adquirir competencias para convertirse en una persona con autonomía. Es necesaria y no es una ansiedad traumática ni enfermiza, es simplemente un proceso de maduración por el que el niño debe pasar para conocerse a sí mismo.
 
Este proceso se hará con intervalos de tiempo cortos que cada vez se irán incrementando en el tiempo a medida que se vaya observando que el niño se va adaptando a la nueva situación, se puede empezar en momentos del juego, por ejemplo, estando cerca mientras él juega, pero en la que el cuidador está haciendo otra actividad distinta.
Es una evolución progresiva y lenta para que el cambio sea lo menos drástico posible porque los niños AD percibirán en seguida la ausencia del cuidador y lo reclamaran, por lo que para iniciar el proceso de desapego sería bueno empezar cuando el niño esté haciendo alguna actividad satisfactoria para él, en la que no le importe demasiado la separación temporal del cuidador y pueda tolerar ese cierto nivel de ansiedad sin que sea algo dramático para él.
 

La ansiedad en la etapa infantil

 
La ansiedad es normal en la infancia y no es un problema, es algo fisiológico que sirve de alerta al cerebro para que éste actúe ante una situación dada. Es como un mecanismo de defensa y va evolucionando a medida que se avanza en el desarrollo infantil. Sirve para dar respuesta a acciones determinadas, por ejemplo, ante un ruido muy fuerte un niño puede sentir ansiedad (miedo) que es el “botón” que activa el cerebro para que su cuerpo se proteja de ese ruido. Frente a un “perro que ladra” el niño tiene ansiedad o miedo “se activa el cerebro” y el niño se protege. Como veis la ansiedad es simplemente un mecanismo de defensa que el ser humano utiliza para activarse ante un suceso. No es un problema si está dentro de los límites normales.
• De los 6 a los 12 meses se puede tener ansiedad por la oscuridad o a los extraños
• De los 2 a los 3 años se puede tener ansiedad por los ruidos o la soledad
• De los 6 a los 7 años por los animales, fantasmas y cosas mágicas
• A partir de los 7 años se suele tener ansiedad por el ridículo o por la muerte
 
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Autocontrol de las emociones en niños de alta demanda

¿Cómo gestionan las emociones los niños de alta demanda?

Para muchos niños de alta demanda el control de las emociones no es sencillo. En algunos casos aún no han desarrollado habilidades para gestionar sus emociones.

Aceptación

Para que el niño pueda autocontrolarse o “enfriarse” primero debe aceptar que está enfadado, ser consciente de ello, es una emoción que debe reconocer. Como padres debemos ayudarle a ello, haciéndole expresar sus sentimientos constantemente, poniéndole nombre. Me siento enfadado, me siento frustrado, me siento triste, etc.
 
Tener control sobre nuestras emociones para que éstas enlacen con nuestros valores es esencial para adquirir habilidades de afrontamiento para la vida, pero es un proceso madurativo que se va adquiriendo con la edad.

Para hablar de autocontrol, se tienen que dar varias condiciones:

 
1. El niño tiene que tener la percepción de que tiene el control de la situación que se está dando, es decir, no está actuando por impulso, está en plena consciencia y razonamiento y toma decisiones meditadas.
2. Tiene que existir más de una alternativa de respuesta para poder tomar una decisión o hacer una elección sobre algo (ej. Me dejo llevar por el impulso de tirar este juguete porque estoy enfadado sabiendo que si lo hago se va a romper o bien, no me dejo llevar por el impulso y recojo los juguetes que hay en el suelo)
3. Dichas alternativas, con sus desenlaces, son incompatibles, y generan conflicto.

Conexión

Para que el niño AD pueda ver con claridad las alternativas, primero debe entrar en estado de conexión consigo mismo, recordemos que los niños de alta demanda, aunque son muy inteligentes, también son muy sensibles y es posible que se dejen llevar por un estado demasiado emocional y no puedan gestionarlo. Son niños muy apasionados e impetuosos que lo viven todo de una forma muy visceral por lo que el razonamiento a veces se nubla y se confunde bajo la emoción ya sea positiva o negativa.
Renunciar a algo que “desahoga” de forma inmediata pero que a la larga es negativo o bien elegir algo que ahora parece desagradable pero que a la larga va a ser beneficioso, cuesta un esfuerzo para el niño, más aún cuando el niño todavía no tiene bien formada la estructura de noción del tiempo y no puede valorar el resultado a largo plazo.
 
La impaciencia del niño de alta demanda hace que el deseo cree inmediatez hacia las cosas, ellos lo quieren todo en el momento precioso, viven el “aquí y ahora” y no piensan en futuribles. Por otra parte, y en contradicción a esto, son niños muy testarudos y si tienen un objetivo marcado harán lo que sea para conseguirlo, si para conseguir su objetivo hay que ser paciente, ellos serán pacientes.
 
Salir de la zona de confort para obtener objetivos desconocidos es una condición humana y equilibrar esto es la base del autocontrol pero no es fácil de entender para un niño. Todo se basa en las rutinas y riesgos, a veces es más cómodo seguir con las rutinas de forma automática sin pararse a pensar si habría una solución mejor para ese mismo hecho. Por ejemplo, en un adulto podría ser algo así como “no estoy a gusto en mi trabajo, pero es más fácil seguir en él que buscarme uno nuevo”.
 
En el caso de los niños un ejemplo sería: el niño desea un juguete YA, pero debe hacer una cola de 20 minutos para conseguirlo, si entra en berrinche, su madre se lo llevará a casa y se quedará sin juguete, por lo que el niño decide autocontrolar su ira, para cumplir su deseo, esperar 20 minutos y tener el juguete.
 
El niño sale de su zona de confort que sería tener el juguete al instante y aprende a controlar su impaciencia, el niño razona este hecho, toma en cuenta las consecuencias y de ello ejecuta su decisión.

Aceptación

El niño AD tiene un punto fuerte muy valioso que es su coraje y lucha por sus objetivos, son fortalezas a destacar de ellos que como padres debemos potenciar para que después en la vida adulta las utilizan como habilidades de desarrollo. Estas fortalezas conjuntamente con sus valores crean personas ejemplares y modelos a seguir, perseverantes y constantes.
Autocontrol es sinónimo de consciencia, afrontamiento, de cambio. Bajo autocontrol es sinónimo de evitación, de estancamiento, evasión.
 
Es cuestión de tiempo que un niño AD aprenda a gestionar sus emociones y se autocontrole, como cualquier niño tiene sus procesos y tiempos, unos tardan más otros menos, simplemente como padres debemos empatizar con ellos y entender que muchas veces sus comportamientos están derivados de actos emocionales que no han podido gestionar correctamente todavía.

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¿Cómo es un proceso de frustración en los niños de alta demanda?

Escrito por Anna Company

Vamos a imaginarnos una escena que todos hemos vivido alguna vez en casa con nuestros hijos de alta demanda.

Ejemplo

Llega la hora de comer y nuestro hijo/a tiene hambre y nos dice lo  siguiente:.
 
Hijo/a: ¿Qué hay de comer?
Madre: Pollo a la plancha, cariño.
Hijo/a: Me dijiste que hoy había espaguetis mamá.
Madre: No, hijo, eso es mañana.
Hijo/a: ¿Mañana? Eso es mentira, me dijiste que era hoy.
Madre: No, yo te dije que lunes pollo y martes espaguetis.
Hijo/a: ¡Noooooooo! ¡Quiero espaguetis!
 

Aquí vemos lo siguiente:

1. Deseo del niño

El niño quiere satisfacer un deseo que es el hambre, es un instinto de supervivencia. A demás los niños de alta demanda son testarudos, impacientes e inconformistas y no van a parar de insistir y presionar hasta conseguir su objetivo.

2. Realidad:

Hay pollo a la plancha, no debería haber conflicto porque si el niño tiene hambre esto satisface su deseo, pero la verdad es que eso no se ajusta a la realidad del niño. Los niños a veces no tienen los recursos para buscar el equilibrio entre deseos y obligaciones, entre ilusión y responsabilidad por lo que se podrían ofuscar en su objetivo.
El niño de alta demanda es bastante caprichoso y cuando se obsesiona con un objetivo lucha por él con cuerpo y alma por lo que le va a costar de aceptar la realidad y es probable que siga intentando persuadir a la madre para satisfacer su deseo no aceptando la realidad.

3. Expectativas:

El niño quiere comer espaguetis, pero la realidad dice que hay pollo a la plancha, las expectativas se forman con experiencias anteriores por lo que el niño buscará en su memoria de otras experiencias y esto influirá en la percepción de su propio juicio. El niño AD es muy consciente de lo que se espera de él y de lo que tiene que hacer, pero aun así es probable que no lo acepte porque esta encaprichado en su deseo y su testarudez va a hacer que continúe luchando por ello, por lo que seguramente va a entrar en conflicto con los padres a no ser que se gestione de alguna forma eficaz.

4. Frustración:

La expectativa del niño no se esta resolviendo de forma eficaz entonces aparecen dos opciones.
 
a. Se antepone la realidad y se desembarca la expectativa. El niño se siente frustrado, pero acepta comer espaguetis al día siguiente La necesidad de quitarse el hambre prima sobre el deseo de comer espaguetis. Aquí, se podría hablar de tolerancia a la frustración.
 
b. El deseo persiste, en este caso comer espaguetis. El deseo se convierte en necesidad (el hambre sólo se puede saciar si hay espaguetis) El niño quiere modificar la realidad para saciar su deseo a toda costa. Esto sería baja tolerancia a la frustración que desemboca en Ira.

5. Ira:

Cuando el niño cree que sus expectativas eran correctas y que efectivamente hoy tocaba espaguetis (aunque no sea así) puede entrar en arrebato de ira, ya que la injusticia entrará en juego, el cerebro del niño será invadido por sensaciones emocionales y podrá tomar decisiones precipitadas o impulsivas. Los niños de alta demanda pueden entrar en arrebatos de ira o berrinches por testarudez ya que ellos tenían unas expectativas que no se cumplen y se sienten frustrados, como padres debemos ayudarles a canalizar dicha frustración, sin acceder a sus peticiones, enseñándoles autocontrol de forma afectiva.
 
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¿Colapso emocional o berrinche?

Escrito por Anna Company

BERRINCHE

Berrinches es un arrebato emocional que sucede cuando un niño está tratando de obtener algo que quiere o necesita. Son bastante comunes en infantes y preescolares, pero tienden a disminuir una vez que los niños desarrollan el lenguaje y pueden expresarse mejor.

COLAPSO

En el caso del colapso emocional la situación es diferente. La persona pierde el auto-control y se bloquea emocionalmente. No es un acto consciente y por tanto debe ser tratado de manera diferente al berrinche con un entendimiento pleno de que el individuo está viviendo un momento indeseado en el cuál la falta de procesamiento emocional impide su razonamiento. En algunos niños y adultos sucede cuando sus sentidos están expuestos a demasiada información y tienen que procesar toda esa “estimulación sensorial”. Ellos se alteran con ciertos sonidos, luces, sabores y texturas. Usted puede que escuche que lo llaman “sobrecarga sensorial”.

Como sabéis los niños AD son hipersensibles a todo lo sensorial de ahí que sean más propensos a los colapsos sensoriales.
Como padres tenemos que tener en cuenta que muchas veces se culpa al niño o se lo tacha como caprichoso, terco, o temperamental de forma errónea, porque no entendemos o queremos entender que, en su caso, los colapsos emocionales no se dan en respuesta a la situación en sí, sino a su inhabilidad de manejar el problema, sentirse agobiados, y no saber cómo enfrentar el estímulo que es mayor que ellos y los saca de control, tenemos que empatizar y ser conscientes de que estos colapsos no son generados por un “capricho” de nuestros hijos sino por un mecanismo automático de su cuerpo porque todavía no puede gestionar las emociones.

LO QUE NO SE DEBE HACER


1. Gritar, golpear, castigar, amedrentar. Nada funciona ni funcionará y hará que la situación se vuelva peor.
2. Hostigar al individuo y tratar de que reaccione según lo esperado creará más confusión y molestia.
3. Tratar de razonar con una persona que está fuera de control acrecentará su frustración y puede generar violencia.

LO QUE SE DEBE HACER


1. Darle a la persona tiempo y espacio para calmarse
2. Pedirles a las personas alrededor que se retiren
3. Reducir los sonidos, las luces, y cualquier otro estímulo que pueda estar creando más estrés
4. Romper el círculo de tensión y estrés a través de demostraciones de empatía y afecto cuando sea apropiado

Una vez el colapso o la crisis se ha extinguido, muy probablemente la persona se sentirá agotada. Hay que darle tiempo para descargar y recargarse. Nunca podemos ni debemos hacer de esta situación una que gire en torno a nosotros, esto se trata de nuestro hijo y, por tanto, debemos tomar acción para determinar la causa, encontrar modos de ayudarle a manejar estas situaciones, y entender que probablemente volverá a pasar y no es nuestra culpa, tampoco la suya.

Algo que tenemos que entender es la diferencia entre berrinche o colapso emocional.

 

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Impulsividad en niños de alta demanda

Escrito por Anna Company

Muchos niños AD que se muestran con cierta hiperactividad y nerviosismo, aunque no tienen ninguna malicia pueden entrar sin querer en diferentes conflictos y parecer niños peleones.
Para mantener buenas relaciones es imprescindible que los niños aprendan a controlar, con el tiempo y evolución, esta impulsividad y obtengan así resultados positivos de sus conductas.

Las señales de que un niño AD es impulsivo son las siguientes:


1. Habla precipitadamente y por encima de los demás.

No sabe esperar su turno para participar en la conversación.

2. No piensa en las consecuencias de lo que dice

Expresa lo primero que se le pasa por la cabeza sin pensar si puede herir o faltar al respeto a los demás


3. Cuando desea algún objeto, no se frena y es capaz de quitárselo a otro niño por la fuerza.


4. Entra en batallas por cosas sin importancia.

Pasa por ser “un niño peleón”.


5. Quiere ser siempre el primero en todo.

No respeta las reglas de los juegos en grupo, hay que recordarle siempre que debe esperar su turno o que respete las filas.


6. A menudo llora de rabia para dar salida a su frustración cuando no consigue lo que quiere.

Lo quiere todo YA

7. Suele ser despistado porque descuida lo que no pertenece a su deseo inmediato.

¿Qué es la impulsividad?

La impulsividad es una mezcla de falta de autocontrol e impaciencia. El niño será menos impulsivo cuando aprenda a esperar antes de actuar, cuando piense antes de hacer las cosas. Cuando esto suceda se sentirá más seguro y su autoestima aumentará. El control de la impulsividad es importante que se trabaje en la infancia.

Consejos para ayudar a su hijo AD a regular la impulsividad y ayudarle a pensar antes de actuar.

1.Se claro acerca de las expectativas:


Algunos niños reaccionan mal cuando no saben qué esperar en una situación, o lo que se espera de ellos. Explíquele a su hijo las cosas con anticipación si necesita ser paciente o hacer algo que no quiere hacer: “Vamos a visitar a la abuela, y ella y yo hablaremos por un tiempo. ¿Por qué no traes algunas cosas para que no te aburras?”

2. Ayuda a identificar sentimientos


De esta forma tu hijo pudrirá aprender a reconocer lo que siente, es posible que pueda recuperarse antes de tener un arrebato. Puedes ayudar diciéndole las palabras: “Parecías triste cuando tu hermana dijo que eras muy pequeña para jugar con ella y sus amigos”

3. Juega al autocontrol


Para los niños pequeños, una de las mejores formas de aprender es a través del juego. En el camino hacia el baño o en el supermercado, haz que tu hijo pare y comience diferentes acciones. Por ejemplo, haz que se “congele” o que haga de “estatua” cuando diga “¡Patata!”. Este tipo de juegos les enseña a los niños a detenerse a pensar antes de actuar, un elemento esencial para el autocontrol.

4. Tomar un Descanso


Crea un lugar tranquilo en casa donde tu hijo pueda calmarse si está fuera de control. Puede ser una esquina llena de almohadas o cualquier lugar acogedor. Esto puede enseñarle que hay una manera, y un lugar especial a donde ir, cuando las cosas se salgan de control.

5. Proporciona una recompensa relacionada


A los niños pequeños a menudo les va mejor en una tarea si obtienen una recompensa al final. En lugar de dar un juguete o golosina, ofrece una “consecuencia” relacionada para mostrar autocontrol. Si deja de jugar para poner la mesa cuando lo pides, la recompensa podría ser elegir el postre.

6. Elogia a tu hijo


Cuando veas a tu hijo practicando el autocontrol, házmelo saber. Este tipo de refuerzo positivo la ayudará a pensar en sí mismo como una persona que puede controlar con éxito su comportamiento. Es posible que deses decir cosas como: “Me encanta cómo esperaste pacientemente tu turno”.

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Frustraciones en los niños de alta demanda

Escrito por Anna Company

Identificar las causas de las frustraciones

Las frustraciones en los niños de alta demanda inevitablemente se presentarán a lo largo de su infancia, algo esencial para poder ayudarles es reconocer las causas de estas frustraciones, para saber identificar así el motivo que las provoca.

Para conseguir que se conviertan en niños autónomos hace falta tener mucha paciencia, tolerancia y cariño por parte de los familiares ya que el niño  experimentará situaciones que no podrá gestionar y le crearán frustración.

Las frustraciones son causadas por necesidades o impulsos no satisfechos y forman parte del desarrollo madurativo normal del niño. Pueden convertirse en enseñanzas, pero demasiadas experiencias frustrantes pueden dañar su autoestima y hacerle perder tiempo y energía en arranques de ira y rabietas.

Tipos de frustraciones 

Una clasificación muy interesante de las frustraciones infantiles según las causas que las provocan es la que hace Penélope Leach, psicóloga infantil y autora de varios libros sobre crianza.

Frustración provocada por los adultos

Los adultos, y en mayor medida los padres, pueden frustrar a un niño muy fácilmente impidiéndole hacer aquellas cosas que consideran que no están bien o no deberían hacer. Los niños, por su propia inmadurez, no son capaces de tolerar demasiada frustración. Un niño constantemente presionado, tiranizado y controlado se siente cercado (encerrado), sin libertad para actuar, y se pondrá a la defensiva reaccionando con malas conductas.
Sin embargo, pequeñas dosis de frustración les hacen crecer. Si cuentan con el apoyo y el cariño de los padres para superarlas, las frustraciones se transforman en una enseñanza positiva, el niño aprende de ellas y se fortalece para arriesgarse a experimentar nuevas frustraciones.
La clave está en intentar evitar las frustraciones innecesarias y apoyarles cuando se presentan las frustraciones inevitables.

Frustración provocada por otros niños

Los niños pequeños son todavía incapaces de ponerse en el lugar del otro. Un niño no le quita los juguetes a otro por maldad, sino porque le interesa el juguete y es incapaz de entender los sentimientos del otro niño. El más dominante se quedará con el juguete y el otro niño se pondrá a llorar.
Los niños son egocéntricos por naturaleza. La infancia es una etapa en la que el niño está centrado en sí mismo, y es normal. Esto que parecería un signo de egoísmo en los adultos, en los niños es parte de su crecimiento.
Se preocupa por sí mismo, y no es malo que así sea porque está desarrollando su propia autoestima y su personalidad y necesita reafirmarse. Esto es así por lo menos hasta los 4 años que empiezan a sociabilizar.
A partir de esa edad, su visión egocéntrica del mundo que le rodea se empieza a ampliar y se preocupa más por las emociones de los demás niños.
Pero las habilidades sociales se desarrollan con la práctica, no ocurre de un día para el otro, y nos necesitan en esa práctica. Por tanto, los padres debemos guiarlos para ayudarles a tolerar mejor las frustraciones provocadas por otros niños y actuar como mediadores de los conflictos, siempre a través del cariño y ayudándoles a encontrar una solución pacífica.

Frustración provocada por los objetos

El niño empieza a descubrir que hay cosas que no puede hacer por él mismo, como ponerse él solo un calcetín o encajar una pieza en un puzle, y esto muchas veces le provoca frustración. Los objetos, al igual que sucede con las personas, no se comportan siempre como él quiere.
Su madurez, su coordinación y su fuerza a menudo le juegan malas pasadas. Sin embargo, las frustraciones que el niño experimenta con los objetos son muy educativas. Es en la exploración, en la perseverancia de los intentos que el niño consigue comprender cada vez mejor el mundo que le rodea. Empieza a descubrir las cosas que es capaz y no es capaz de hacer. Cuando la frustración provocada por el objeto le desborde es necesario que los adultos intervengan ofreciéndole su ayuda. No significa hacer las cosas por él, sino brindarle una pequeña ayuda que le permitirá tener éxito en su empeño.

Frustración provocada por la edad o el tamaño

Es una frustración que aparece cuando el niño no consigue hacer algo que le exige más de lo que puede ofrecer para su edad o tamaño. Es aún demasiado pequeño para hacer cosas que hacen los mayores como servirse agua, abrir la puerta o montar en bicicleta. No es consciente de esa incapacidad y se siente decepcionado al no conseguirlo.
Por eso es tan importante ofrecerle los juguetes adecuados para su etapa de desarrollo.
Todo lo que pongamos a su alcance debe adaptarse a sus capacidades, tanto físicas como mentales, y a su etapa de crecimiento. El niño tiene que sentirse capaz, fuerte y poderoso en su pequeño mundo para desarrollar una buena autoestima.

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