Soy padre de un niño de alta demanda

Escrito por Anna Company

Soy padre de un niño de alta demanda de 3 años que se llama Óscar. Lo adoro.

Mi hijo con 3 años es un niño muy cabezota, cuando se obstina por algo no hay quien le saque esa idea de la terco. Su madre y yo intentamos ponerle límites porque hay cosas que nos superan, como por ejemplo que no se quiera lavar nunca la cabeza y nos monte rabietas descomunales en el baño tirando agua por todas partes cuando intentamos hacerlo. Acabamos todos mojados, el baño hecho un desastre y parece que acabemos de salir de un campo de batalla. Éste es solo un ejemplo de las mil y una cosas con las que tengo que lidiar diariamente con mi hijo cuando se obstina por algo, tiene un punto muy tozudo y no hay quien lo saque de ahí. 

Siempre son luchas de poder de a ver quien puede mas si él o yo, negociando por a ver quien gana, pero él es un niño y sus herramientas para convencerme no son las palabras sino el enfado, los gritos, las malas caras, el hecho de desordenar sus juguetes por toda la casa y tirar las sillas y romper papeles, se ponen en una actitud como de rebeldía, como si quisiera demostrar que él es un hombrecito que puede hacer lo que se le antoje delante de mi, en mis narices, provocándome y jugando con mis límites. A veces hasta se acerca y me pega, me empuja mirándome a los ojos para ver si reacciono a su desafío.

A demás parece que no se canse de hacerlo, es perseverante como él solo.

Yo como padre, utilizo la paciencia y la calma, aunque por dentro esté desbordado. A veces tengo ganas de decirle “basta ya” cogerlo del brazo y sentarlo en el sofá con autoridad y mandato, pero entiendo que no es el método. Continuo paciente, agachado a su nivel, mirándolo a los ojos y hablándole con cariño cuando creo que está preparado para escucharme, sólo cuando se calma, pero no lo consigo, parece que el método no funciona y me frustro, yo también soy persona y me frustro

Le digo que cuando él quiera compartiremos un momento de tranquilidad y hablaremos serenamente, ya tiene 3 años para entender esto, para entender que hay buenos métodos, le digo que cuando él quiera podremos ir a nuestro rincón de la calma y relajarnos.

Él me comprende pero su orgullo y testarudez no le dejan todavía ceder, así que necesito “conectar” con él de algún modo diferente, distraerlo de alguna otra forma.

Soy su padre, soy el adulto, soy yo el responsable de hacer que esa situación cambie porque mi hijo no puede gestionarlo solo todavía, así que opto por el humor, ponerle humor a la situación.

No se trata de contarle un chiste, se trata de hacerle reír. Está claro que es difícil como padre estando en un estado de preocupación cambiar el estado de ánimo y hacer algo que haga reír a una persona, pero se tiene que sacar la fuerza y el instinto paternal para conseguirlo, encontrar el niño que llevamos dentro, empatizar y ponernos en su lugar para conseguir sacar una risa a tu hijo y cambiar ese estado de ánimo negativo de desafío y rebeldía y transformarlo a conexión y complicidad

Sorprender a tu hijo en ese momento haciendo alguna broma o poniéndote a cantar alguna canción, debes ser creativo e imaginativo y convertirte en niño para poder sorprender a tu hijo en ese momento. Quizás una voltereta, quizás simplemente haciendo la estatua, quizás haciendo mímica… 

Dependerá de cómo sea tú hijo, tú lo conoces mejor que nadie, sorpréndele, conecta con él, cambia su chip, haz que te preste atención y cuando la tengas: ¡actúa! desde su nivel, desde su mundo, siendo niño…

Háblale desde donde te escuche, desde donde te comprenda…

Y me cuesta hacer eso, porque estoy agotado y también tengo mis limites y mi paciencia se acabó hace ya un rato, pero él lo merece, la situación lo merece, el resultado que obtengo luego, lo merece, porque si consigo que mi hijo reaccione positivamente a este estímulo será un objetivo cumplido.

Y a veces funciona. Te animo a probarlo.

 

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Libro “Las emociones de los niños de alta demanda”

Escrito por Anna Company

Libro sobre bebés y niños/as de Alta Demanda

Este es un libro para ti: mamá o papá del bebé o niño/a de alta demanda.

En este texto te explico cómo sienten los niños AD, te explico con detalle cómo son sus emociones y cómo enseñar a tu hijo a autogestionarse, cómo dirigir su temperamento hacia fortalezas, porque los niños/as de alta demanda se convierten en personas excepcionales y extraordinarias que tienen una potencia y un empuje vital que los hace únicos. 

La alta demanda es una rasgo que debe aprovecharse para bien y empujarse para fortalecer sus puntos fuertes como pueden ser: su perseverancia, su constancia, su energía vital, su alegría, su creatividad, su ilusión, su entusiasmo, su ingenio, su competitividad, su espontaneidad, entre otros muchos.

Todos sabemos que cada niño es un mundo, pero tu hijo de alta demanda tiene un millón de fortalezas que debes aprovechar,  potenciar y trabajar para que de adulto le otorguen autonomía, seguridad y confianza en sí mismo.

En este escrito reconocerás las emociones de tu hijo, sus sentimientos y pensamientos y cómo trabajarlos para caminar con más claridad y serenidad.

Te acompaño a romper las creencias limitantes sobre los niños de alta demanda, no te engañes, nadie mejor que tú conoce a tu hijo, ten fe en él y en ti mismo/a y disfruta de su crecimiento porque sólo sucederá una vez.

Aquiérelo aquí

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Las Altas capacidades de Matias mi hijo AD

Escrito por Anna Company

Mi hijo de alta demanda con 3 años y medio era muy intenso, demandante y emocional.

Pero además tenía una hipersensibilidad especial, lo noté en su forma de analizar y de razonar las cosas y en las preguntas que me hacía ya desde muy pequeño, preocupándose por la muerte de los parientes, de los animales, por las guerras, por las enfermedades, por el universo y de donde provenía el mundo y la vida y por infinidad de cosas que a otros niños de su edad les pasan desapercibidas.

Además Matías aprendió a leer y a escribir a muy corta edad, y cuando estaba en la escuela no encontraba suficiente estímulo y se aburría. Se solía dispersar en su fantasía para pasar los ratos que debía estar allí… 

Muchas mañanas al despertarse me decía que no quería ir al colegio, estaba desmotivado y desanimado y no encontraba aliciente alguno. Prefería quedarse en casa enfocado con sus historias y sus mundos hechos a su medida. Matías se sentía solo, desintegrado entre los compañeros de su clase, raro, quizás incomprendido porque las bromas y juegos de los otros niños no le hacían gracia, no le distraían y porque nadie entendía su sentido del humor.

Helena, la mamá de Matías podía intuir lo que sucedía, sabía que su hijo era un niño especial, con unas capacidades diferentes, era un niño que por ejemplo, tenía las reacciones emocionales desmesuradas en relación a las situaciones vividas porque presentaba un cierta asincronía entre aquello mental y emocional, es decir, estaba muy avanzado intelectualmente hablando, pero no era capaz todavía de gestionar correctamente sus fuertes emociones.

¡Sí! era muy inteligente, lo comprendía todo, pero emocionalmente a veces entraba en unos arrebatos de ira por frustración muy elevados ya que era un niño que se marcaba unos objetivos y exigencias elevados y su perfeccionismo hacía que cuando las expectativas no se cumplían al 100% se decepcionara y se frustrarse increíblemente, hacían que se desilusionara ante su propia esperanza de llegar a conseguir aquello que se había planteado tan profundamente que ni su lógica ni su inteligencia podían sacarle de allí.

Entonces toda aquella madurez intelectual recordaba a Helena que todavía era tan solo un niño de 3 años y medio, demandando amor y comprensión incapaz de gestionar aquel cúmulo de sensaciones tan potentes. 

Matías además era un niño enérgico y activo y cuestionaba continuamente la autoridad ya que necesitaba un razonamiento para entender cualquier norma, eso hacía que sus padres estuvieran agotados, sus padres se sentían continuamente desafiados y en luchas de poder con Matías y debían estar continuamente razonando cualquier aspecto con él porque las normas y límites por sí mismas no eran aceptados.

Matías necesitaba entender las razones de cada suceso, los “porqués” de todo, no se regía ante un mandato autoritario ni de “Fe o creencia”, a Matías se le debía convencer de todo aquello que hacía con alguna explicación lógica, entendible. Y aún así a veces Matías desafiaba las normas, la autoridad, las razones… Él siempre tenía una explicación diferente… Y era agotador rebatir cada palabra, cada pregunta, cada decisión.

Además, la exigencia y perfeccionismo de Matías hacían que cumpliera cierto comportamiento casi obsesivo ante las cosas y hacían que tuviera  siempre la necesidad de acabar con éxito sus objetivos ya que si no, se mostraba muy vulnerable e intolerante al fracaso y a la frustración que le producían no cumplir sus expectativas. 

Esto se cumplía hasta tal punto que a veces parecía abstraído de la realidad, como si estuviera en “otro mundo” haciendo aquello que le interesaba. En una especie de “hiperfoco” como una hiperconcentración.

Esta misma “evasión” la utiliza en clase cuando se aburre. Se aburre tanto en clase que elude la realidad y se centra en su mundo interior de tal forma que parece que esté abstraído y cuando la profesora le pregunta le da la sensación de que Matías no tiene la capacidad de prestar atención, pero no es eso, es simplemente que para Matías aquella explicación que está dando la profesora se hace lenta y absurda…

Matías tiene una capacidad de comprensión, una inteligencia mucho superior a la edad del resto de niños de su clase, por eso se siente un bicho raro, incomprendido y no entiende qué le sucede. Él intenta por todos los medios integrarse y asemejarse a los demás pero no les comprende, no lo consigue, está solo.

Matías llega a casa después de un día duro de colegio, después de un desbordamiento de emociones que ha debido contener para no estallar en comportamientos todavía más inusuales, para no mostrarse todavía más diferente a los demás. Y en casa… Toda esa contención, toda esa ira, dolor, incomprensión se suelta porque solo tiene 3 años y medio y estalla en arrebatos de llantos y gritos sorprendiendo a sus padres porque no hay motivo alguno sobre aquel suceso.

Y por las noches Matías no quiere dormir solo porque tiene miedo y a demás tiene terrores nocturnos que le despiertan y le crean una terrible sensación de ansiedad.

Helena ante tal situación, se desborda de impotencia y frustración y se pregunta una y otra vez cómo puede ayudar a su hijo. Llora a escondidas junto con su marido porque se sienten perdidos.

Por fin una buena doctora detecta en Matías después de varias pruebas Altas Capacidades Intelectuales.

Helena y su marido entienden las razones del comportamiento de Matías y se dan cuenta que es el inicio de una larga lucha frente a una sociedad que no está preparada para ello.

Matías tiene un don que si no se trabaja de forma positiva puede llegar a perderse y hasta perjudicar a Matías.

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Se debe concienciar a la sociedad sobre ello, pero no es fácil. Matías tiene AACC pero sigue siendo un niño incomprendido.

Si quieres leer sobre las sobreexcitabilidad de los niños con altas capacidades accede a este enlace.

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Crisis de pareja en la alta demanda

Cuando nació María el tiempo para nosotros como pareja desapareció. 

Recuerdo salir al balcón alguna noche a fumarme un cigarrillo, por fin, cuando había logrado que María cogiera su primer sueño de 20 minutos y allí, encontrarme con él, con mi esposo. 

Le veía sentado, pensativo y preocupado, su jornada también había sido dura. 

En aquel momento nuestras miradas se cruzaban por primera vez en el día, no habíamos tenido tiempo todavía en todo el rato que llevábamos en casa ni de preguntarnos cómo estábamos, Maria nos absorbe demasiado. A los dos… 

Nos encontrábamos en el balcón, juntos, en ese momento, pero ya no teníamos ganas de compartir palabras, ni teníamos ganas de casi nada… El agotamiento era tan grande que teníamos la mirada perdida y nos quedábamos completamente en silencio. 

Era entonces que parecía que de pronto el mundo se había parado, nuestra hija “terremoto” se había dormido y nosotros que aún estábamos despiertos nos sentíamos completamente aturdidos. 

Pensativos, fatigados… Silencio absoluto.

Lo intentamos al principio… si! Los primeros meses seguíamos conversando y nos dedicamos alguna sonrisa, pero cuando estás exhausto y confundido, cuando te sientes frustrado e impotente, preocupado, cansado… Las palabras se te hacen cortas y ya no das mas de si… 

A veces por la noches hacíamos oídos sordos al llanto de Maria:

-Te toca a ti, le decía yo. 

– No, a ti… Me decía él. 

Hacíamos turnos para estar con ella, para cuidarla y que el otro tuviera un poco de tiempo para descansar o ponerse al día con sus labores, así nos fuimos distanciando porque pocas veces hacíamos cosas los tres juntos, en familia, y la carga emocional era tremenda, era como vivir a solas con mi hija de alta demanda y verlo a él, de vez en cuando, deambular por la casa como un zombie sin mediar palabra. 

Él era el padre y yo la madre pero ya no éramos una pareja, parecía que todo el amor y atención era unidireccional hacia María y ya no quedaba nada para nosotros, nos olvidamos de nosotros, durante mucho tiempo. 

Cuando María cumplió 3 años y medio empezó a dormir en su cama, en su habitación, no nos dimos cuenta pero durante los años que habían pasado María había regularizado bastante  el sueño nocturno, lo hizo muy lentamente, pero lo hizo, con 3 años y medio podía dormir bastantes horas seguidas en su habitación muchas veces. Aunque no siempre.

Entonces fue cuando de repente, llegaba la noche y  mi marido y yo nos encontramos a solas, en una cama de matrimonio después de 3 años y medio y nos dimos cuenta que éramos completamente 2 desconocidos, dos compañeros de piso que habían luchado por un mismo objetivo pero de forma separada. Nos dimos cuenta que estábamos lejos, nos sentíamos como dos extraños.

Fue entonces cuando llegó el momento de plantearnos qué hacer con nuestra relación.

Nosotros nos seguíamos amando (o eso creíamos)  y entendimos que era el momento de poner acción y luchar por nosotros tanto como lo estábamos haciendo por María. 

No voy a decir que sea fácil, pero las crisis de pareja pueden superarse si se pone empeño. Los niños/as de alta demanda crecen y aunque siguen teniendo un temperamento intenso y siguen teniendo los rasgos y características típicos de la alta demanda muchos de ellos evolucionan y cambian, además cuando los niños/as crecen los padres aprenden a sobrellevar su temperamento, se adaptan, son como más conscientes.

Durante el desarrollo se pasan por diferentes etapas, unas más difíciles, otras más sencillas, pero todas evolucionan. La etapa del sueño nocturno, la etapa de las rabietas, la etapa del desafío constante… Todas ellas con su desarrollo madurativo.

Cuando esto sucede te das cuenta que hay momentos todavía que debes dedicar a ti mismo/a, a tu pareja, a tu familia, que tu hijo/a es una parte muy importante de tu vida pero no es toda tu vida, de que tienen que haber más cosas a parte de él/ella para fortalecer un bienestar psicológico y emocional sobre tí misma.

Una silla tiene 4 patas y necesita las 4 para aguantarse, puede mantenerse en equilibrio con 3, pero la silla con solo dos patas se cae.

Mis patas son: Familia, trabajo, salud, amistad 

¿Y las tuyas?

Pregúntate si están equilibradas

Escrito por Anna Company

 

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Relato de una madre de 4 hijos

Escrito por: Inma

Soy madre de cuatro hijos. Cuando nació mi tercer hijo me di cuenta enseguida de que era especial, porque mostraba unas características diferentes a mis otros dos hijos. Al principio  creía que le pasaba algo físico, porque aunque sus necesidades estaban aparentemente cubiertas, él seguía llorando y llorando sin motivo, además era un llanto intenso, insistente y desesperante. 

Su padre y yo estábamos preocupados y visitamos a varios médicos:  hubo analíticas, ecografías, radiografías… pero jamás llegamos  a dar con lo que tenía. 

Mientras tanto el agotamiento era extremo, bajo la demanda de un bebé tan intenso, era imposible dormir más de una hora seguida y no dejábamos de preguntarnos qué estábamos haciendo mal. Nos sentíamos culpables e impotentes.

Mi frustración como madre era tal, que más de una vez tuve que dejarlo llorar un rato y meterme en una habitación a solas para gritar de rabia, descargar toda la mala energía que sentía dentro de mi y volver a él con la mejor de mis sonrisas, aguantando el cansancio, el agotamiento supremo y la preocupación.

Él estaba enganchado continuamente a mi  pecho, algún biberón que se coló por ahí, alguna vez,  en la desesperación por saber si se quedaba con hambre, porque siempre parecía estar insatisfecho.

Solo era capaz de alargar un poco el sueño estando en brazos, apegado a mi cuerpo, pero cualquier movimiento y cualquier susurro lo despertaba, él era un niño despierto, que buscaba estímulos constantemente.

Recuerdo que llevarlo en coche era un suplicio, y el carrito, la mini cuna, la cuna y la hamaquita se quedaron nuevos. 

Al final…. Era eso: un bebé de alta demanda, un bebé con unas necesidades más intensas que los demás, al que había que tenerle una paciencia infinita. 

Pero a cambio era un bebé con sus puntos fuertes: atento a todo, sensible, despierto, risueño y sobre todo, el bebé más cariñoso del mundo. 

La verdad es que actualmente la única diferencia que observo entre mi hijo AD y el resto de niños es su elevada sensibilidad y su gran capacidad de razonamiento, tengo que explicarle muy bien las cosas y adelantarme ante los sucesos para que no le cojan por asombro los cambios, ya que las novedades y sorpresas algunas veces le afectan, es un niño que percibe mucho los estímulos. (Si quieres saber más de la relación entre la alta demanda y la alta sensibilidad lee aquí.)

Ahora con 7 años  su intensidad llegó a bajar prácticamente del todo, así que animo a todas aquellas mamás que tienen bebés de alta demanda a que no se desmotiven, a que tengan paciencia y fe en ellos. Yo la tuve y hasta decidí luego  tener un cuarto hijo. 

Esto ha sido un fragmento del libro: Relatos de crianza de alta demanda que puedes descargarte gratis en PDF aquí

¿Te gustaría escribir  sobre cómo te sientes con la crianza de tu hijo/a de alta demanda? Hazlo aquí.

 

Mis 6 primeros años de alta demanda

Escrito por Anna Company

Esteban tiene 6 años y es un niño que nació con un temperamento muy fuerte e intenso.

Desde bebé su padre y yo notamos que era diferente a su hermano mayor, por su hiperactividad y potencia en todo lo que hacía y por su demanda de atención constante. 

Además era un niño muy brusco, muy testarudo y totalmente desafiante.

Cuando Esteban tenía 2 años entró en la etapa de los berrinches y recuerdo que fueron unos años de inacabables luchas por todo. Su palabra preferida era el  “NO” y se enfadaba y discutía casi por cualquier cosa, llegábamos al punto que tiraba las cosas por los aires y nos pegaba cuando estallaba en sus arrebatos de ira y agresividad.

Yo estaba muy preocupada y empecé a pensar que quizás tenía el llamado “trastorno negativista desafiante” que pudiera estar relacionado con un posible TDAH. Así que lo llevé al médico para que lo observara.

Esteban es muy listo y sabe comportarse correctamente cuando le interesa, por lo que fuera de casa se comportaba de forma aceptable, y el médico me dijo que mi hijo no tenía ningún tipo de desorden, ya que si realmente tuviera un TDAH o algún tipo de trastorno no podría contenerse en ningún lugar.

De alguna forma me di cuenta que mi hijo “jugaba” con nosotros, nos manejaba como se le antojaba, me percaté de que no nos entendíamos, que la comunicación que teníamos con él no era la correcta. Nos estaba demandando una atención, con su comportamiento en casa, que no le estábamos sabiendo dar.

Así que decidí empezar a escucharle más, a ponerme a su nivel y a empatizar con él, a utilizar el juego para cumplir las normas básicas del día a día y a involucrarme más en entenderlo y atenderlo como él necesitaba, porque Esteban no era como mi otro hijo que jugaba solo, que dormía solo, que comía solo, que iba al baño solo, Esteban me necesitaba al lado constantemente, no porque no supiera hacer las cosas de forma autónoma, sino simplemente, para tenerme presente.

Cuando entendí ese hecho, noté un cambio en él, no sé realmente si coincidió con la edad o con el hecho que me acostumbré a sus demandas e intensidades.

A los 3 años, empezó a dormir solo  en su cama y aunque se despertaba y me reclamaba a media noche, se volvía a dormir en seguida hasta la mañana siguiente. 

Con el tiempo la comunicación entre nosotros mejoró y los berrinches fueron disminuyendo lentamente, las luchas de poder se convirtieron en largas charlas y negociaciones pero dejó de desafiarnos y pegarnos cada dos por tres. Su agresividad desapareció, Esteban razonaba con nosotros y se comunicaba, expresaba y defendía con pasión aquello que quería pero la rabia y la ira habían desaparecido.

Con 4 años y medio ya no tenía aquellos continuos berrinches diarios y aunque seguía siendo un niño muy testarudo e intenso, se mostraba cooperativo en los razonamientos que le dábamos ante las rutinas y normas  del día a día.

Esteban, hoy en día con 6 años, duerme toda la noche en su cama, es un niño muy alegre y cariñoso, extrovertido, sociable y amigable. Continúa siendo un niño muy activo y terco, pero cumple con sus obligaciones, siempre y cuando las entienda y se las razones.

Es un niño perseverante, concentrado, motivado y luchador y aunque sigue siendo agotador y completamente insaciable, sus fortalezas me lo compensan todo.

Para mi la etapa más difícil fue la de los 2 y 3 años, pero ahora siento que muchos de sus rasgos se han suavizado y ha sido gracias a la disciplina positiva, que es el modelo de crianza que hemos utilizado desde que detectamos que Esteban era un niño de alta demanda.

Estaban no responde ante un modelo de crianza autoritario porque se rebela y desafía, así que aconsejo a todas las mamás de bebés de alta demanda a que utilicen la disciplina positiva como modelo de crianza con sus hijos y sobre todo que tengan paciencia porque los resultados no se ven a corto plazo.

¿Te gustaría explicar tu historia en esta web? Escribe tu relato aquí.

¿Tienes un niño de alta demanda de más de 6 años? participa en el estudio de rasgos. Para más información sigue este enlace.

Descárgate el libro “¿Cómo criar a un niño de alta demanda? en formato PDF aquí

 

 

¿Cómo descubriste que tu hijo/a es de Alta Demanda?

Escrito por Anna Company

Tuve a mi hijo por cesárea ya que hubo una complicación en el parto y no pude acabar un parto natural, después de pasarme 18 horas en las sala de partos, con contracciones muy dolorosas y las terribles y debidas dilataciones.

Recuerdo que los primeros días de recuperación que pasé en el hospital, después de la cesárea, yo estaba fuera de mí, distorsionada, adolorida,  como ida, contenida de emociones y sin poder casi ni moverme de la cama…

Había nacido mi pequeño bebé maravilloso, mi tesoro. Y yo sentía las cosas como muy difuminadas, borrosas, como sin sentido.

Aquella sensación de despersonalización no me dejaba disfrutarlo del todo…

Sentía una mezcla de sensaciones: entre alegría absoluta y angustia, entre dolor y felicidad, entre ansiedad y paz. Me sentía emocionalmente desfigurada, totalmente torcida.

Recuerdo que tenía a mi  bebé de 3,5 kg siempre pegado a mi pecho, tumbado encima de mi, era la única manera en que se quedaba tranquilo y en calma. Me encantaba olerlo, sentirlo…

Así pasaban las horas de aquellos días, que recuerdo de forma nebulosa y turbia, colapsada de tanta medicación y extasiada por las visitas de los familiares y amigos que únicamente hacían ruido y provocaban mas desconcierto a la situación.

Mi hijo lloraba de hambre porque la leche que nos daban en el hospital, no le saciaba lo suficiente y siempre quería más, se sentía insatisfecho,  él necesitaba succionar mucho más de la ración que le tocaba. Yo no podía darle el pecho por la medicación que tomaba y los biberones del hospital se le quedaban especialmente cortos y él lloró y lloró sin parar desde el primer día, demandaba con insistencia y terquedad cada una de sus necesidades desde el principio.

Se apaciguaba apegado a mi pecho, tumbado respirando junto a mi corazón, así, las pocas veces que había silencio en la habitación…

Durmiendo poco, a veces de día, a veces de noche, cortos ratos, respirando junto a mí. Pero el mínimo ruido lo despertaba, el mínimo movimiento, el mínimo soplido, el mínimo roce…. Y estallaba de pronto en gritos y lloros intentando saciar su nueva necesidad de “algo” que nunca descubrí qué era.. Insaciable, insatisfecho… 

Gritaba más que ninguno otro bebé y abría sus enormes ojos expresivos, se erguía y levantaba su cabeza como si fuera a ponerse de pie…

Pasamos una semana en el hospital y cuando llegamos a casa me di cuenta de que me convertí en madre. En aquellos primeros días de mi maternidad, en casa, me hice consciente de lo que significa ser madre, de lo que significa tener un hijo. De la responsabilidad que conlleva.

Porque aunque te prepares para ello durante la vida, aunque te informes, leas, estudies y dediques parte de tu tiempo a asimilar el hecho de que vas a ser madre, hasta que no tienes a tu hijo en brazos dependiendo de ti, no lo vives realmente, no te haces del todo consciente.

Cuando empecé a conocer a mi hijo, me di cuenta que todo aquello que yo creía saber sobre el desarrollo de los bebés y niños, sobre la educación, sobre la evolución, las emociones y su crecimiento no iba a servirme absolutamente de nada, porque mi hijo, mi hermoso bebe intenso, amoroso… Mi tesoro, era especial, era distinto a los bebés de libro

Y entonces me entró una especie de pánico terrible y empecé a darme cuenta de que de alguna forma nadie me había enseñado a ser madre de aquel bebé que tenía entre mis brazos, nadie me había explicado cómo debía hacerlo para ser madre de un bebé tan especial, tan sensible, tan exigente.

Porque yo tenía un niño de alta demanda entre mis brazos y nadie te capacita para criar a un niño con este tipo de temperamento.  Fue entonces cuando empecé a descubrir, a informarme…

Fue entonces cuando escuché a mi bebé, cuando le observé y me fijé en sus necesidades y quise empatizar con él…

Reconocí a mi bebé con su temperamento intenso, con sus fortalezas y debilidades y me di cuenta de que como madre debía prepararme porque no podía educarlo del mismo modo que cualquier otra madre,  ya que mi hijo no era un  niño como los demás. Mi hijo era mas intenso, mas ruidoso, mas sensible, mas activo, mas afectuoso, mas exaltado, mas testarudo, mas caprichoso, mas desafiante, mas de todo… siempre más de todo que el resto de niños y por eso  tenía otras necesidades que no estaban en los libros. Otras necesidades que ni las vecinas, ni los abuelos, ni las amigas ni nadie que no tuviera un niño/a AD podía comprender.

Entonces dejé de escuchar a medio mundo,  y empecé a escucharlo a él y a mis instintos de madre. Y así es como funcionamos nosotros, con nuestras reglas. 

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